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History

The Universidad Autonoma de Nuevo Leon was officially founded in 1933, although its origins are older with the schools of Law, Medicine and Pharmacy, Escuela Normal, and Colegio Civil which were established before that time. These were key principles for the foundation of the institution which took place in September, 25th, 1933 with a total of 1,862 students and 218 professors.

At its inception, this university’s name was Universidad de Nuevo Leon, now U.A.N.L. stands for Universidad Autonoma de Nuevo Leon. The Maximum Academic Institution in the State, originally consisted of the Schools of Law and Social Sciences, Medicine, Engineering, Chemistry, and Pharmacy, along with Escuela Normal, Escuela Industrial “Alvaro Obregón”, Technical High School “Pablo Livas”, Industrial High School of Women Labors “Pablo Livas”, and the School of Nursery and Obstetrics.

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En el Colegio Civil su origen

La actual Universidad Autónoma de Nuevo León es producto de un legado de tres procesos históricos fundamentales en la vida del país: la Independencia de 1821, la Reforma de 1857 y la Revolución de 1910.

La la institución educativa se fundó en 1933 teniendo como base la Escuela de Jurisprudencia que surgió en 1824 en las aulas del Real y Tridentino Colegio Seminario de Monterrey, de acuerdo al decreto del Soberano Congreso Constituyente del 13 de octubre de 1823, que dio facultades a los colegios de la nación que no la tuvieran, “para establecer cátedras de Derecho Natural, Civil y Canónico, y de conferir los grados menores”.

Esta disposición civil se aplicó en una institución eclesiástica porque era la única institución de educación superior que existía en el noreste de México. De esta manera, una medida del régimen mexicano independiente, como fue la creación de una carrera profesional, se vinculó con otra de la antigua Corona Española, como el Seminario, cuya fundación fue alentada por las reales cédulas de Carlos III de agosto de 1768.

Otras dos dependencias de la naciente Universidad eran centros de altos estudios surgidos del pensamiento liberal que predominó en el siglo XIX, cuando el gobierno federal dispuso que la enseñanza oficial y los grados académicos fueran atendidas por el Estado, dejando atrás los viejos esquemas de la enseñanza clerical. Así, en 1859 aparecieron el Colegio Civil del Estado y la Escuela de Medicina, cuyas clínicas interna y externa se enseñaron en el Hospital Civil, ambas instituciones fundadas por el doctor José Eleuterio González “Gonzalitos”.

Finalmente, la Escuela de Enfermeras en 1915 y las escuelas industriales “Pablo Livas” en 1922 y “Álvaro Obregón” en 1930, fueron obra de los gobiernos revolucionarios, impulsadas por actores sociales que en su mayoría surgieron de la contienda armada de 1910. La fundación de la Universidad de Nuevo León fue el corolario de ese proceso donde la educación nacional era elemento fundamental en la reconstrucción y definición del nuevo Estado mexicano posrevolucionario.

Su detonante fue el proyecto de regionalización de la educación superior emprendida a partir de 1921 por la Secretaría de Educación Pública encabezada por José Vasconcelos. Ese año una importante representación de la sociedad regiomontana formada por empresarios, profesionistas y maestros presentó la iniciativa de establecer en Monterrey una de las cuatro universidades que la Federación pretendía crear en la nación. Sin embargo, la concreción de la Universidad Autónoma del Noreste quedó relegada ante la inestabilidad política, social y económica que enfrentó el gobierno estatal en la década de los veinte.

El proyecto pudo retomarse hasta consolidarse en el poder el grupo sonorense. El gobernador Aarón Sáenz Garza, preparó las condiciones para que la administración de Francisco A. Cárdenas acometiera su creación. Por un lado promulgó una nueva Ley de Instrucción Pública que estableció la enseñanza universitaria dentro del sistema educativo y, por otro, gestionó ante el secretario de Educación Pública, Narciso Bassols, un comisionado encargado de las tareas preliminares de la organización de la Universidad de Nuevo León.

Al mismo tiempo, los jóvenes estudiantes de la clase media urbana, organizados en gremios de las escuelas de Jurisprudencia, Medicina, Colegio Civil, Normal y Farmacia, se unieron a la campaña para su organización. Éstos tuvieron como líderes y portavoces visibles a quienes participaban en las revistas y los periódicos estudiantiles, en el Grupo Renovación, en las sociedades de alumnos y en la Federación de Estudiantes de Nuevo León. De inicio el proceso tuvo sus contradicciones porque estos jóvenes como Juan Manuel Elizondo, José Alvarado Santos y Raúl Rangel Frías, afines al vasconcelismo, solicitaban la creación de la Universidad a un Estado del que estaban desencantados por considerarlo un régimen despótico de caudillos.

Pero esta situación era reflejo de la polarización política de la población, dividida entre grupos conservadores alejados de un compromiso revolucionario y liberales o progresistas vinculados con las políticas del gobierno del llamado Maximato, es decir, dominado por el general Plutarco Elías Calles.

 

El nacimiento de la Universidad de Nuevo León

Por esa razón, cuando arribó Pedro de Alba comisionado por la SEP, su tarea no sólo fue ejecutiva sino política al establecer en el Comité Organizador de la Universidad un equilibrio de las más diversas fuerzas que actuaban en la entidad, lo mismo que en la composición del primer Consejo Universitario. En el primer caso, reunió representantes de los estudiantes, los profesionistas, el gobierno, la empresa, la banca, la prensa y diversas organizaciones sociales y profesionales. Así, la Universidad se convirtió en una iniciativa y realización colectiva.

Sin embargo, resaltó el hecho de no ser integrados los jóvenes vasconcelistas promotores del establecimiento de la institución: Rangel, Alvarado y Elizondo, fuera por omisión involuntaria o por exclusión deliberada de las autoridades.

El 31 de mayo de 1933 culminó uno de los trabajos esenciales del Comité Organizador al promulgarse la primera Ley Orgánica de la Universidad de Nuevo León, institución de servicio público destinada “a procurar la educación integral del hombre en un plano de absoluta igualdad y en justo equilibrio de fuerzas, valores y actividades”, según el objetivo señalado en su artículo primero. En ella no se planteó la autonomía institucional –ni limitada como la de la UNAM– y ubicó como centro del poder político al Consejo Universitario con las atribuciones de nombrar al rector y a los directores, de acuerdo a los capítulos V y VII del artículo 9, respectivamente, y artículo 15.

No obstante, la personalidad jurídica que la ley concedió a la Universidad, se estableció con amplio criterio de libertad en cuanto a su funcionamiento técnico, doctrinario y docente. “La independencia de que va estar investida –señalaba en su exposición de motivos–, tiene por objeto principal el de sustraer a la Universidad de influencias de orden político electoral y burocrático, de contingencias transitorias y de presiones extrañas. Por lo mismo, el profesorado, los funcionarios y las autoridades de la Universidad, tendrán las garantías y la estabilidad [para que] dediquen todo su tiempo al estudio, a la docencia o la investigación, sin tener la amenaza de que inmotivadamente puedan perder su posición”.

Sus cursos iniciaron el 25 de septiembre de 1933 en cuatro facultades y seis escuelas cuyas aulas recibieron a 197 alumnos de licenciatura y mil 229 de bachillerato. A la institución quedaron integradas Medicina, Derecho y Ciencias Sociales, así como la Normal, el Colegio Civil (transformado en Escuela de Bachilleres), las escuelas industriales “Pablo Livas” y “Álvaro Obregón”, donde se estableció la preparatoria técnica para servir de puente a la carrera de ingeniería, y Enfermería y Obstetricia.

La Universidad nació, además, al amparo de los adelantos técnicos y científicos que estaban en curso en la tercera década del siglo veinte al basar las facultades de nueva creación: Ingeniería y Química y Farmacia, su programa en los nuevos conocimientos que estudiaban los jóvenes de la UNAM. De esta forma se sacudieron el atraso de los planes de estudio, las deficiencias académicas y la disciplina escolar casi militarizada, una de las aspiraciones por la que lucharon los jóvenes vasconcelistas.

Si bien se consideró como inició de actividades el ciclo de conferencias con profesores extraordinarios de la UNAM, quedó por establecerse, como marcaba la ley, la Facultad de Filosofía, Ciencias y Artes que equilibró la parte técnica con los valores humanistas y espirituales.

La concepción original de establecer la Universidad del Norte no se concretó por la falta de apoyo de los estados vecinos, en buena medida por los efectos de la crisis económica del 29. Y aunque Nuevo León asumió por entero sus costos puesto que el gobierno federal no le asignó ningún subsidio, en la práctica nació como una universidad regional al recibir población escolar de las entidades vecinas.

Los estudiantes y egresados de la Universidad actuaron directamente en la modernización de la industria y el campo, en la transformación de la infraestructura a lo largo del país, en la expansión de los servicios de salud y, en general, en el desarrollo de la sociedad. Por esa razón Genaro Salinas Quiroga considera que la fundación de esta Universidad debe considerarse un acontecimiento extraordinario en el siglo XX y José Emilio Amores fue más allá al calificarla como el acontecimiento más importante del siglo XX en la entidad.

 

Una institución socialmente comprometida

La relación del aparato del Estado revolucionario y la Universidad entró en conflicto cada vez que la balanza movió ese “justo equilibrio de fuerzas”. Aunque su Ley Orgánica lo postulara, la institución no podía sustraerse de la situación política reinante. El proyecto del gobierno federal de sustentar la educación en la doctrina del socialismo científico significó para la naciente institución educativa una etapa de reforma y cambio de orientación, factor que influyó en el retiro del gobernador Francisco A. Cárdenas de su cargo. El compromiso del gobernador sustituto, Pablo Quiroga, y del rector Ángel Martínez Villarreal, en septiembre de 1934, fue llevar a cabo este postulado.

Martínez Villarreal señaló al respecto: “La orientación marxista de la Universidad pretende crear el concepto de solidaridad social, sustituyendo el concepto anterior de la cultura por el de la cultura en función de la conducta y los de competencia y de lucro por los de cooperación y servicio social”.

Si bien la reforma era política, también era cierto que hubo coincidencia en sectores en que la tarea educativa debía basarse en la ideología, postulados y orientaciones de la Revolución Mexicana, es decir, imprimir una orientación social aunque ello implicaba atentar contra el principio de libertad de cátedra. Quienes apoyaban mantener la libertad de cátedra y la educación abierta a todos los horizontes del pensamiento fueron capaces de adquirir fuerza y organizar una reacción enérgica planteando una huelga de importantes repercusiones políticas y sociales, iniciada el 17 de septiembre de 1934, tras la inauguración de los cursos del año escolar 1934-1935 en el Teatro Independencia, donde se dejaron sentir las voces estudiantiles, como la del joven Raúl Rangel Frías, en contra de una visión universitaria única.

Esta confrontación reflejó los dos puntos de vista en cuanto al papel de la educación superior, uno, el del compromiso social de la Universidad al servicio de la colectividad y para la solución de los grandes problemas sociales y prácticos del desarrollo y otro, el de proporcionar el saber en un sentido abstracto para la formación de un profesionista en un régimen económico individualista.

Sin embargo, fue una lucha que aprovecharon actores externos que usaron a la Universidad como parte de su estrategia de confrontación con el gobierno cardenista y el sistema político. Entre ellos el clero católico, en particular la Acción Católica Mexicana (ACM) que respaldaba a grupos considerados reaccionarios que encabezaron la oposición como la Confederación Nacional de Estudiantes (CNE) y la Unión Nacional de Estudiantes Católicos (UNEC).

La crisis fue resuelta por las autoridades estatales por medio de la disolución de la Universidad, el 28 de septiembre de 1934, y la creación días después de la Comisión Organizadora de la Universidad Socialista, presidida por Martínez Villarreal, y la Federación de Estudiantes Socialistas (FES). Si bien se concluyó el proyecto de ley para la nueva universidad, quedó sin aprobarse y la comisión desintegrada.

Para dar continuidad a este proyecto el gobernador Quiroga dio paso a la creación del Consejo de Cultura Superior, el 7 de septiembre de 1935, figura jurídica que fungió como una coordinación de escuelas y facultades encargada de las funciones de la extinta Universidad. Los elementos progresistas en una acción conjunta con el gobierno desplazaron a los más conservadores o reaccionarios en el control tanto del Consejo Universitario como de las cátedras; la hegemonía de este grupo político en la Universidad significó la derrota de aquel sector, y esta ruptura del “justo equilibrio de fuerzas”, daría pie, años después, a nuevas confrontaciones.

Aunque en sus bases de funcionamiento y gobierno se omitió la alusión a la educación socialista implantada a nivel nacional el 10 de octubre de 1934 mediante las reformas al artículo tercero constitucional, tuvo entre sus objetivos cumplir con los propósitos establecidos en el primer párrafo del mencionado artículo.

Este movimiento universitario luchó por desarrollar y vigorizar el sistema de educación popular y asegurar servicios para los estudiantes de origen humilde. En ese sentido la Universidad organizó nuevas dependencias educacionales que permitieron cumplir el programa. Una de sus máximas realizaciones durante este periodo fue la creación de la Escuela de Bachilleres Nocturna (actual Preparatoria No. 3), en diciembre de 1937, a fin de ofrecer a la clase obrera y trabajadora de la ciudad la oportunidad de convertirse en profesionistas y propiciar la movilidad social. Anteriormente, en 1934, había creado las escuelas secundarias nocturnas No 1, ubicada en el edificio del Colegio Civil, y la No. 2 en la Escuela León Tolstoi en la Calzada Madero. Además, el Departamento de Extensión Universitaria, encargado de la actividad cultural, fue un instrumento de educación popular para la gente más humilde, obreros y trabajadores, lo mismo que la Escuela de Cooperativismo; mientras la Escuela Normal Socialista permitió a los profesores desplegar el ideal de la educación liberadora a lo largo del estado, subrayando la capacitación para el trabajo, la formación de valores y actitudes colectivas como la solidaridad; y la Escuela Industrial y Preparatoria Técnica “Álvaro Obregón” amplió su matrícula en la preparatoria técnica y estableció cursos gratuitos para obreros.

Abrieron las carreras de Química Industrial y Químico Farmacéutico Biólogo (1936); se fundaron la Escuela de Música, sostenida por el municipio de Monterrey, y la Escuela de Odontología (1939) con la carrera de Cirujano Dentista, habiéndose incorporado un año antes la Escuela Superior de Comercio con la carrera de Contador Privado.

Mención aparte merece el Instituto de Orientación Social que, en el orden pedagógico tenía como función diseñar la reforma en los planes y programas de estudio de las dependencias universitarias, lográndolo en la Escuela Normal y la Federación de Estudiantes Socialistas (FES), cuya tendencia fue contribuir a crear en el alumno esa profunda conciencia de responsabilidad colectiva. En ese sentido desde 1936 las brigadas estudiantiles realizaron giras jurídicas y sanitarias a zonas marginadas del estado, especialmente a los municipios rurales, en beneficio de la población campesina, y en 1939 se instauró el servicio médico social con la primera brigada de estudiantes de Medicina, conocida como “Grupo de los 17”, que atendió zonas que carecían de servicio médico.

Durante ocho años el Consejo de Cultura Superior encauzó los estudios superiores tanto técnicos como profesionales en la entidad y la marcha de sus planteles bajo la conducción de una dirección presidida sucesivamente por Martínez Villarreal (1934 – 1935), el gobernador provisional Gregorio Morales Sánchez (1935 – 1936) y Enrique C. Livas (1936 – 1948). Sin embargo, es necesario matizar las características de la época. Puede decirse en términos generales que la tendencia socialista era enfatizada y defendida por alumnos, maestros y autoridades, pero éstas eran expresiones vociferantes para mostrar abiertamente una filosofía acorde con los mandatos del poder central, pero no quiere decir que el materialismo histórico fuera la base de la enseñanza universitaria. De todos modos la tendencia socialista se fue atenuando para evitar problemas internos como las pugnas por el control de las representaciones estudiantiles y exteriormente atemperar el ambiente político y la inquietud de otros sectores de la sociedad regiomontana, especialmente del empresariado.

Despertar a un intenso movimiento científico y cultural

Un proceso de transformación surgido de la política modernizadora en la educación superior del régimen del presidente Manuel Ávila Camacho, iniciado el 1 de diciembre de 1940, que incluyó la libertad de cátedra como uno de sus postulados, desembocó en dos ideas fundamentales: el restablecimiento de la Universidad de Nuevo León y la creación de la Ciudad Universitaria.

Para entonces, como se mencionó, la concepción de la educación socialista había sido diluida. De hecho, en 1941 se constituyó la Federación Estudiantil Universitaria Nuevoleonesa (FEUN) en lugar de la Federación de Estudiantes Socialistas (FES) y con ella desapareció de la escena el principio socialista para dar nuevas características al desarrollo de la Institución.

En una labor semejante a la de diez años atrás, se promulgó el 13 de septiembre de 1943, la Segunda Ley Orgánica de la Universidad, amparada en el decreto número 79, que estableció como funciones sustantivas de la institución pública la educación técnica y profesional, la investigación y la difusión de la cultura y su funcionamiento en once instituciones.

A excepción de la Escuela Normal primaria y superior para profesores, pasaron a formar parte de la nueva Universidad de Nuevo León las escuelas y facultades existentes, junto al personal directivo, docente, administrativo y de intendencia del extinto Consejo de Cultura Superior. La ley incorporó a la Universidad a la Escuela Municipal de Música y, además, Odontología dejó de depender de la Facultad de Medicina.

Acorde a la política avilacamachista de unidad, el proceso de la llamada segunda fundación de la Máxima Casa de Estudios, restableció el “justo equilibrio de fuerzas” entre los grupos de académicos e intelectuales de distintas tendencias de modo que trabajaron en él figuras como José Vasconcelos, el secretario de Educación Pública, Octavio Véjar Vázquez, quien se distinguió por su línea anticomunista; Eduardo Livas Villarreal, Armando Arteaga Santoyo, Raúl Rangel Frías y Enrique C. Livas Villarreal.

Esta orientación quedó reflejada en la ratificación de Enrique C. Livas como rector bajo el argumento de su experiencia en el manejo de la institución educativa de nivel superior y en la incorporación de Raúl Rangel Frías, férreo defensor de la libre cátedra, en el Departamento de Acción Social Universitaria, y del Dr. Eduardo Aguirre Pequeño, ferviente promotor del reformismo anterior como titular del Instituto de Investigaciones Científicas.

En este nuevo ejercicio de equilibrio se crearon nuevos departamentos con el fin de darles espacios de acción desde dónde promover actividades intelectuales y culturales. Rangel impulsó a través del Departamento de Acción Social Universitaria la creación en 1944 de las secciones de Cultura Musical, Teatro Universitario, Pintura y Dibujo, y Radio a cargo de los maestros Josémaría Luján, Miguel D. Martínez Rendón, Ignacio Martínez Rendón y Pedro Garfias, respectivamente; la publicación de las revistas Armas y Letras y Universidad, que fueron importantes vehículos de divulgación cultural; el programa la Hora Universitaria, radiada por la XEFB, las actividades anuales de la Escuela de Verano, a partir de julio de 1946, bajo la dirección de Francisco M. Zertuche, y el Taller de Artes Plásticas en 1948. En esos años participaron en la Universidad intelectuales, profesores e investigadores de las letras, las artes, la filosofía, la historia y las ciencias, tales como Alfonso Reyes, José Gaos, José Giral, Antonio Castro Leal, Carlos Pellicer, Ermilo Abreu Gómez, Edmundo O’ Gorman, Leopoldo Zea, Salvador Toscano, Justino Fernández, Manuel Toussaint y muchos otros que enriquecieron culturalmente no sólo el medio universitario sino la comunidad en general.

Aguirre Pequeño centró su labor, por su parte, en la promoción y divulgación científica desde el Instituto de Investigaciones Científicas, que comenzó a funcionar en enero de 1944, con las secciones de Ciencias Médicas y Biológicas, Historia Natural y Química, inspirado en la idea de la ciencia como generadora de la base material y técnica del futuro, realizando con sus colaboradores, que incluían a Jeannot Stern, Honorato de Castro, Ponciano Luna Moreno, Antonio Hernández Corzo y otros muchos, importantes trabajos en las secciones de Física-Matemáticas, Fito-Patología, Química, Biología y Medicina. Y de ellos quedan como prueba investigaciones sobre climatología, tierras, flora y fauna en las diversas regiones de la entidad, estudios de plagas en plantas, además de la formación del Museo de Historia Natural de Nuevo León, con un gran número de ejemplares de animales disecados.

Este importante movimiento científico y cultural permitió a la institución cumplir los principios incorporados en la nueva definición educativa: humanista, integral, laica, nacionalista y democrática. En este nuevo contexto, la Universidad desarticuló dependencias de carga ideológica como el Instituto de Orientación Social y la Escuela de Cooperativismo pero eso no significó que abandonara el énfasis transformador de la educación al garantizar a sus egresados, según en su artículo cuarto, “una conciencia clara de una responsabilidad humana y social”, toda vez que la actividad de la Universidad estaba sujeta a la Ley Reglamentaria del Artículo Tercero Constitucional, publicada el 23 de enero de 1942, que siguió considerando socialista a la educación impartida por el Estado.

La Universidad estableció en este aspecto un “justo equilibrio” entre los intereses de carácter colectivo como fue la persistencia del bachillerato nocturno, la del servicio social y los esfuerzos por concluir el Hospital Civil “Dr. José Eleuterio González”, abriendo nuevos departamentos y, especialmente, destinándolo a partir de 1944, al personal docente y estudiantil de la Facultad de Medicina para sus prácticas, tal como lo formulara Ángel Martínez Villarreal en su propuesta de integrar el binomio Hospital-Escuela con la idea de que “todo servicio de asistencia en el hospital debe hacerse en función de la enseñanza”. En su toma de posesión como rector, el 20 de noviembre de 1943, Livas Villarreal reflejó este pensamiento educativo en un texto titulado “La Universidad, su misión y marcha”, en el cual reconoció el fin de su triple modalidad: enseñar, investigar y difundir “hacia un ideal de justicia y de verdad social”.

Por otro lado, la Institución subrayó los intereses de la superación individual porque la función educativa no fue un agente ajeno a la reproducción social en el marco de una transición entre el desarrollo con orientación social del cardenismo y un programa de desarrollo capitalista más ortodoxo favorecido por el contexto de la Segunda Guerra Mundial.

La Universidad se adaptó y dio respuesta al nuevo programa de desarrollo basado en la industrialización, urbanización y crecimiento económico dentro de la lógica del modelo capitalista. Por otra parte, el incremento de la demanda laboral y la necesidad de profesionistas cada vez más calificados y especializados llevó a la Universidad a crear nuevas facultades y escuelas requeridas por el proyecto político y económico del Estado, como la de Ingeniería Mecánica (1947), constituida gracias a la iniciativa de un grupo de maestros, profesionistas y alumnos egresados de la Escuela Industrial y Preparatoria Técnica “Álvaro Obregón” conocidos como los “Siete Sabios”, y Arquitectura (1947), mientras la de Química y Farmacia cambió su nombre a Facultad de Ciencias Químicas (1942).

Previendo la necesidad de centralizar la cada vez mayor diversidad de disciplinas de estudio, así como el crecimiento demográfico, durante los gobiernos de Bonifacio Salinas Leal y Arturo B. de la Garza iniciaron los esfuerzos por integrar físicamente la Ciudad Universitaria. Y si bien se integró una comisión en 1941, se levantaron planos y se emprendieron gestiones de recursos en la Ciudad de México, el proyecto no prosperó, en cierta medida por contemplar su construcción en terrenos de la dotación ejidal original de San Bernabé Topo Chico, a cuya expropiación en 1946 se opusieron los campesinos a pesar de una justa compensación con cien hectáreas de la ex hacienda El Canadá ofrecida por el gobierno estatal.

El centro de enseñanza, de investigación y de difusión de la cultura de Nuevo León satisfacía la demanda de educación de la región y ante semejante exigencia, los recursos que se le proporcionaron provenían solamente del erario estatal, siendo desde un principio crecientes, especialmente durante el mandato de De la Garza, pero de manera invariable, insuficientes. Esta situación acabó con la declarada gratuidad de la educación universitaria al establecerse cuotas por concepto de matrícula. Hasta el último año del gobierno de Manuel Ávila Camacho en 1946 y desde la perspectiva de la formación de cuadros profesionales que llevaba a cabo la Universidad de Nuevo León para respaldar las transformaciones de la estructura económica, fue que se apoyó a la Institución universitaria al entregar el gobierno federal un subsidio anual que iría en incremento en los siguientes años, aportación que permitió cubrir necesidades apremiantes de las dependencias.

En su último año de rectorado, Enrique C. Livas definió el ideario de la nueva Universidad: “Es, o pretende ser, un reflejo o expresión del pensamiento humano en toda la majestuosa amplitud que éste puede tener”. Y su esencia ideológica quedó plasmada en la antorcha, flama y elipse del electrón de su escudo y en el lema “Alentando la llama de la verdad”, aprobado en diciembre de 1948 y vigente todavía, que se constituye hasta hoy en el sendero más seguro para la superación del ser humano.

El clima de conciliación y estabilidad al interior de la Universidad que favoreció realizaciones como una pequeña, pero al fin ampliación de la oferta educativa, construcción de locales escolares, incluyendo la construcción de nuevos y modernos edificios para las facultades de Ciencias Químicas y Medicina, y reformas a los planes de estudio, pronto fue roto por razones ajenas a la Institución. La Universidad quedó envuelta en una lucha ideológica impuesta desde el exterior por medio de segmentos estudiantiles aglutinados en la llamada Unión Nuevoleonesa de Estudiantes Universitarios (UNEU), quienes, el 6 de octubre de 1948, pusieron en marcha una huelga que demandaba la separación del rector; además tomaron y dañaron las instalaciones del Colegio Civil como medida de presión hasta lograr su objetivo el 4 de diciembre de ese año, cuando Livas fue separado de su cargo.

 

La huella de Raúl Rangel Frías

El embate de 1948 de origen político reveló una vez más que los conflictos universitarios no eran únicamente los surgidos internamente sino entre la Universidad y el sistema político y social del que era parte fundamental. Era verdad que la Universidad estaba dotada de plena capacidad jurídica para realizar sus fines, pero también lo era que como institución pública y social su existencia y términos eran inseparables del Estado, un aspecto que haría crisis años después.

Por lo pronto, como resultado del proceso de 1948 la balanza del “justo equilibrio de fuerzas” se movió de nuevo en la Universidad al determinar el desplazamiento del “continuismo” que representaba Enrique C. Livas como figura central de los elementos progresistas y la instalación de otros más identificados con el contexto de la vida industrial y financiera de la próspera ciudad regiomontana.

El breve periodo como rector de Octavio Treviño C., quien se desempeñaba como apoderado de la banca regiomontana, y la designación en 1949 de Raúl Rangel Frías, si bien hijo del Colegio Civil, también ligado profesionalmente al área financiera de la empresa privada, reflejaron el acercamiento a este sector en el que se distinguía, muy especialmente, la Compañía Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey.

Como resultado de estos nuevos lazos de entendimiento se estableció un consejo consultivo con la representación de los sectores comercial, industrial, profesional y clase media y nació el Patronato Universitario, el 11 de diciembre de 1950, en el marco del decreto oficial número 66 del gobierno de Nuevo León, una figura jurídica concebida con autonomía respecto a la Institución educativa, consagrada a prestar su apoyo para dotarla de los recursos necesarios, fundamentalmente económicos, para cumplir sus fines a través de mecanismos como el Sorteo de la Siembra Cultural. Desde este organismo destacados personajes de la industria, la banca y el comercio como Manuel L. Barragán, Carlos Prieto, Evaristo Araiza, Joel Rocha, Federico Gómez, Luis Elizondo y Manuel Santos hicieron suyas las aspiraciones de los universitarios en cuanto a contar con mejores elementos físicos y humanos en su casa de estudios, teniendo como portavoz al semanario Vida Universitaria.

Por otro lado, Rangel Frías tuvo la habilidad necesaria para propiciar la integración de la comunidad universitaria a través de líderes juveniles que formaron un grupo cercano a él, encabezado por Noé G. Elizondo, que si bien tenían inclinaciones humanísticas y culturales, sus intereses más fuertes eran los políticos. De esta forma, comunidad universitaria, gobierno del estado y sector privado se empeñaron en una fructífera campaña en la realización de metas comunes dentro de la Universidad.

En esta etapa la Escuela de Verano dirigida por Francisco M. Zertuche, en sus diversas divisiones, congregó a brillantes intelectuales nacionales y del extranjero como José Mancisidor, Miguel León Portilla, Arturo Arnaiz y Freg, Salvador Azuela, Octavio Paz, Justino Fernández, Daniel Cossio Villegas y el director de teatro Álvaro Custodio. Abrió sus puertas la Biblioteca Universitaria “Alfonso Reyes” con el fondo “Obispo Valverde Tellez” en el edificio del obispado, en noviembre de 1952 y, a partir de 1956, en el sótano del monumento a Mariano Escobedo en la Plaza de la República; así como la Librería Universitaria y la Imprenta Universitaria.

Otras realizaciones de ese tiempo fueron el Coro de la Universidad de Nuevo León, el grupo de Teatro Universitario dirigido por José Anastasio “Tacho” Villegas, después la Escuela de Arte Dramático del INBA-UNL en 1957 con Lola Bravo a su frente; los teatros El Globo y La República, y la creación y debut de la Orquesta Sinfónica en 1960 bajo la batuta de Antón Guadagno, Isaac Flores y David García. La labor cultural desarrollada por el Departamento de Acción Social Universitaria y la Escuela de Verano la asumió en 1958 el Departamento de Extensión Universitaria (DEU), tras aprobarse su creación con tres áreas: Editorial con la imprenta y librería, Actividades Culturales con los cursos y Bellas Artes con el cine club, conferencia, conciertos, teatros y exposiciones.

En el plano estudiantil cobró vida la revista literaria Kátharsis y el periódico El Bachiller y el género de la revista musical universitaria que, con inusitado éxito, produjo obras como “Acá la Uni”, “Todo mundo quiere a Nora” y “La raza, Nanette y la casa”.

En lo académico nacieron las facultades de Filosofía y Letras (1950), tras realizarse los cursos preparatorios de humanidades que incluyeron griego y latín como lenguas clásicas y francés como lengua moderna, literatura y filosofía; Comercio y Administración (1952), que impartió los cursos de Contador Público Auditor; Ciencias Físico-Matemáticas (1953), Ciencias Biológicas (1952) y Agronomía (1954), estas últimas como resultado de los esfuerzos de Eduardo Aguirre Pequeño; y Economía (1957), así como la Escuela de Bachilleres en el municipio de Linares (1953). Se concluyó el actual edificio de la Facultad de Medicina, al que se integró por decreto del 2 de junio de 1952 el Hospital Civil, que adquirió el carácter de universitario, consolidando el ideal de las prácticas clínicas de los estudiantes en el binomio hospital-escuela. A éste se anexó el edificio de la Casa de Enfermeras. Al mismo tiempo se incorporó a la Universidad el Instituto de Trabajadoras Sociales (1952) y se crearon el Centro de Estudios Humanísticos y el Centro de Investigaciones Económicas.

 

La creación de nuevos centros de enseñanza y la masificación que ello trajo consigo, generó en la Universidad un déficit de infraestructura e instalaciones. Durante esos años los jóvenes tomaban su enseñanza y los docentes impartían su cátedra en aulas ocupadas a su máxima capacidad, muchas de ellas inadecuadas y sin equipamiento requerido, ubicadas en viejos inmuebles dispersos por el centro de la ciudad de Monterrey. Aparte del Colegio Civil que aglutinó muchos de los estudios y por ello acusaba problemas de saturación, Derecho ocupaba la casona de la calle Abasolo y Diego de Montemayor; e Ingeniería Mecánica y Eléctrica, la casona de Matamoros entre Zuazua y Doctor Coss. Resultó preciso abandonar la dispersión de edificios en la ciudad y retomar la idea incubada desde años anteriores de construir la Ciudad Universitaria como un complejo de integración de las disciplinas del conocimiento para mejorar las condiciones docentes y simultáneamente paliar el déficit de espacios físicos.

El anhelo de la Ciudad Universitaria lo expresó Rangel Frías en 1954 en su histórico discurso ante el presidente Adolfo Ruiz Cortines: “Se pretende demarcar un espacio donde las cualidades físicas del terreno y la capacidad de los edificios favorezcan el desarrollo de la cultura y el trabajo”.

Con el impulso de Rangel Frías –primero como rector y desde 1955 como gobernador­–, apoyado en los rectores Roberto Treviño González y Joaquín A. Mora, el Patronato Universitario, y el concurso de estudiantes, profesores y la sociedad en general, se obtuvieron en primera instancia, no sin vicisitudes, cien hectáreas de terreno del Campo Militar No. 2, ubicado en el límite norte de Monterrey y San Nicolás de los Garza, mediante el decreto del 18 de febrero de 1957 del presidente Adolfo Ruiz Cortines.

Si bien se contó con la colaboración federal en el diseño del conjunto, la Universidad tuvo capacidad propia para elaborar por si misma el trazado universitario, creando una oficina técnica que resolvió el problema del planteamiento urbanístico y el diseño arquitectónico de los edificios bajo una corriente moderna. Una vez cedido el predio se construyeron uno tras otro los edificios de las distintas facultades de la Universidad, materializando conceptos importados de otras universidades, especialmente norteamericanas, cuya influencia se recibió a través de la Ciudad Universitaria de la UNAM del Pedregal de San Ángel. Este sistema concentrado estableció áreas específicas para las distintas disciplinas, además de integrar dentro de un ámbito especial otras actividades como las cívicas y deportivas con campos de futbol y béisbol, pistas de atletismo y alberca olímpica.

En una primera etapa abrieron los edificios para las facultades de Derecho e Ingeniería Mecánica y Eléctrica, junto a las secciones de laboratorios y talleres, la Alberca Olímpica y el asta bandera, inaugurados el 20 de noviembre de 1958. A estos claustros le siguieron, durante los siguientes cuatro años, Ingeniería Civil, Comercio y Administración, Arquitectura, Filosofía y Letras y Agronomía.

La infraestructura abarcó también la Torre de Rectoría (1961), el escudo de la Universidad en la explanada (1961) y el Estadio Universitario (1967), donde debutó en segunda división el Club de Futbol Tigres. La apertura de Ciudad Universitaria supuso un traslado del centro a la periferia de la ciudad y detonar la expansión del área urbana hacia esa zona.

Para garantizar un patrimonio a la Universidad, le fueron cedidos los terrenos rescatados al río Santa Catarina en un tramo de siete kilómetros por el Gobierno Federal, mediante decreto del presidente Adolfo López Mateos. Para su manejo se creó, en junio de 1961, el organismo público descentralizado Patrimonio de Beneficio Universitario.

 

Los años de movilización

El periodo comprendido de 1967 a 1972 se constituye como el plazo en que tuvo lugar el proceso que condujo a uno de los sucesos claves en la vida de la Universidad de Nuevo León: la autonomía universitaria. Si bien este derecho se discutió desde la fundación de la Universidad en 1933, fue planteado de manera recurrente, especialmente en momentos en que la relación de la casa de estudios con el Estado o con otros actores sociales se tensaba.

La llegada al gobierno estatal de Eduardo Livas Villarreal, en octubre de 1961, quien designó como rector a José Alvarado Santos, su amigo de la infancia e hijo del Colegio Civil, representó uno de ellos. Su extracción liberal fue combatida en una atmósfera anticomunista por sectores conservadores a través de las páginas de los periódicos regiomontanos. Durante quince meses Alvarado fue cubierto como, dijo: “por la infamia y el oprobio” y al hacerlo “han arrojado ignominia sobre mi Universidad”. Su renuncia, en febrero de 1963, para evitar mayor daño a la Institución, evidenció una vez más la actuación de grupos políticos y económicos en la vida universitaria. Entonces comenzaron a escucharse las voces de docentes y alumnos exigiendo el respeto a la independencia y a la autonomía de la Universidad y, aunque legalmente ésta no existiera, su llamado constituía la demanda por obtenerla.

Al mismo tiempo, se gestaron importantes movimientos estudiantiles de carácter liberal tanto en la Facultad de Derecho en 1963 como en la Facultad de Filosofía y Letras en 1965 en solicitud de la destitución de sus directores, Arturo Salinas Martínez y Agustín Basave Fernández, respectivamente; el último con sonadas repercusiones al presentarse la intervención policiaca para el desalojo de los alumnos protestantes. Ambos fueron acontecimientos que proyectaron al sector estudiantil como una fuerza capaz de influir en forma decisiva en la vida institucional de su alma máter.

Los trabajadores, por su parte, integrados desde 1964 como Sindicato de Trabajadores de la Universidad de Nuevo León (STUNL) en busca de mejorar sus condiciones laborales, se constituyeron en otra fuerza actuante dentro y fuera de la Institución. Unos y otros, alumnos y docentes, vivieron una etapa de politización característica de la época enmarcada en el contexto de confrontación ideológica de la Guerra Fría.

Los problemas latentes en la institución en esos años giraban en torno a la falta de cupo en el bachillerato –para ello surgieron las preparatorias 5 en Sabinas Hidalgo (1964), 6 en Montemorelos (1964), 7 en San Nicolás de los Garza (1966), 8 de Guadalupe (1967) y 9 al poniente de Monterrey (1970)– y las carencias económicas, aunado a peticiones laborales de los trabajadores. La Ciudad Universitaria que se hallaba aún inconclusa, requería un nuevo plan de expansión que debería completarse creando nuevos edificios y laboratorios.

La falta de incremento en el subsidio federal entre 1965 y 1968, frente al aumento del costo de la educación y de la demanda estudiantil, hizo que el peso del sostenimiento de la institución recayera en el presupuesto de egresos del Estado cuando, según afirmó el gobernador Eduardo A. Elizondo, “no estaba en condiciones de asignar un centavo más a la Universidad”. En marzo de 1968 las autoridades plantearon como solución viable la autosuficiencia de la Institución mediante el proyecto de Ley y Reglamento sobre Préstamos de Educación Superior, un mecanismo de pago de cuotas proporcionales a las condiciones económicas de los estudiantes y la cesación de subsidios pagaderos al final de la carrera.

Ante la inquietud que causó, expresada en paros y concentraciones, la iniciativa fue abandonada pero sembró la impresión de que el Estado faltaba a su responsabilidad establecida en la ley de otorgarle a la Universidad la protección de los medios económicos para subsistir. Además de incumplir este compromiso básico, el Estado la utilizaba como una institución política para la realización de fines partidistas. El paso de Raúl Rangel Frías y Eduardo A. Elizondo de la rectoría a la gubernatura, la aspiración de Roberto Treviño González a la alcaldía de Monterrey y la designación del ex senador Ángel Santos Cervantes como rector, cargo que declinó; eran algunos de los ejemplos que evidenciaban este hecho.

Esta generación de maestros y estudiantes consideró que los fines concretos de la Universidad debían ser reconocidos y respetados por el Estado y ejercidos en la Institución. Pero este principio sólo tendría vigencia en el derecho de la Universidad para organizar su enseñanza, sus investigaciones y su propia vida, es decir, que fueran los propios universitarios los que gobernaran y administraran su casa de estudios, en términos generales, el fundamento de la autonomía.

Meses después de los sucesos de Tlatelolco, las movilizaciones durante 1969 de la base estudiantil exigiendo un edificio para Ciencias Químicas y la remoción de los directores de Filosofía y Letras y Ciencias Físico-Matemáticas, haciendo causa común con magisterio y sindicato, se dirigieron hacia demandas fundamentales como la creación de una normativa que permitiera a los universitarios la participación democrática en las decisiones de la Universidad y democratización de su estructura, es decir, la elección de sus propias autoridades.

La fuerza del movimiento alcanzó su punto culminante en noviembre de ese año con las reformas a la Ley Orgánica de la Universidad, presentadas por el gobernador Eduardo A Elizondo. En razón del decreto 146 que reformó los artículos 16 y 24 de la Ley Orgánica de 1943, el Consejo Universitario tuvo la facultad de elegir al rector y cada dependencia a sus directores por vía de las juntas directivas paritarias y no por el ejecutivo del Estado. De esta forma, Oliverio Tijerina Torres se convirtió el 10 de diciembre de 1969 en el primer rector electo con los mecanismos democráticos de sus órganos representativos.

Este derecho salvaguardó a la institución de la injerencia del Estado en el cumplimiento de sus fines educativos, de investigación y difusión de la cultura bajo los principios de libertad de cátedra, autogobierno y administración. Sin embargo, el alcance de la autonomía resultaba limitada por una realidad contradictoria: dependía económicamente del Estado para cumplir los fines señalados en la Ley. El control del financiamiento fue un recurso por medio del cual el Estado pretendía fortalecer su posición en la Máxima Casa de Estudios.

Además de estas reformas, los universitarios deseaban llevar sus aspiraciones a una universidad del pueblo: abierta y democrática, comprometida con los grandes problemas del país, valiéndose de la elaboración de una nueva Ley Orgánica, tarea emprendida por una comisión paritaria de maestros y estudiantes que hizo entrega del proyecto al Congreso del Estado el 29 de mayo de 1970.

En este proyecto se delineó una forma de gobierno, estructura, organización, funciones y fines de la Universidad con base en una verdadera autonomía. El rector y los directores serían elegidos por designación directa de maestros y estudiantes en elecciones a través del voto individual y secreto. El órgano máximo sería una Asamblea Universitaria formada de manera paritaria por tres representantes tanto de los maestros como de los alumnos de cada escuela y facultad en donde se resolvieran los problemas de la Universidad. Así, señalaba el proyecto, “se logra la creación de una institución que se desliga de los vínculos gubernativos”, eliminando los poderes ejercidos por el ejecutivo, pero señalaba la obligación del Estado a sostener a la Universidad fijando un porcentaje invariable del doce por ciento de su presupuesto.

Sin embargo, el marco jurídico aprobado por el Congreso del Estado, el 26 marzo de 1971, contenía consideraciones distintas a las presentadas por la comisión redactora. Entre ellas una figura denominada Asamblea Popular de Gobierno que, no obstante estar integrada por organizaciones externas a la Universidad, se constituía como su figura de máxima autoridad, la cual, una vez instalada, designó el 12 de abril de 1971 como rector a Arnulfo Treviño Garza. Así formulada la nueva Ley Orgánica, los universitarios consideraban, por un lado, producía el menoscabo a la autonomía universitaria, reducía la participación estudiantil en los órganos de gobierno de la institución y restaba facultades a la Rectoría y, por otro, no solucionaba el grave problema financiero.

Unidos los universitarios en torno al rector, Héctor Ulises Leal Flores, inició en febrero de 1971 un proceso de defensa y reafirmación definitiva de la autonomía universitaria. El secretario de Educación Pública, Víctor Bravo Ahuja, encabezó una labor de conciliación mediante las modificaciones a la ley universitaria cuyo resultado fue la promulgación de la cuarta Ley Orgánica de la Universidad, promulgada el 6 de junio de 1971. Teniendo como inspiración la legislación de la UNAM reafirmó la autonomía universitaria y enfatizó una nueva figura de autoridad normativa denominada Junta de Gobierno, a la que correspondió desde entonces designar al rector y a los directores de facultades y escuelas. Integrada por once miembros elegidos por el Consejo Universitario, la Junta de Gobierno definió el equilibrio y la estabilidad política de la Universidad y con ello reestableció el orden institucional.

Sin embargo, la aspiración de permitir el acceso a sus aulas a todo estudiante sin distingo, entró en conflicto con dependencias que requerían procedimientos de selección en la inscripción como era el caso de la Facultad de Medicina que sólo podía aceptar 200 aspirantes. Cuando el Consejo Universitario acordó el pase automático a facultad de todos los egresados de preparatoria de la Universidad, incorporadas y oficiales, en septiembre de 1971, la Rectoría creó las aulas anexas de Medicina. A partir de entonces se incubó un conflicto con Medicina, a la que se unió la FIME y otras dependencias, en su demanda de destituir al rector, entre otras razones por su reservas en aceptar la existencia de la Junta de Gobierno; conflicto que escaló en su nivel de violencia y se saldó con la remoción del rector Héctor Ulises Leal Flores por dicho organismo, el 12 de diciembre de 1972.

 

La acelerada expansión

En una decisiva etapa de transición cuya tarea implicó establecer el orden institucional en cada una de las dependencias, la Universidad dedicó sus esfuerzos en los años que van de 1973 a 1979, periodo correspondiente a Luis Eugenio Todd Pérez, a lograr su avance académico y científico, el fortalecimiento en el área de la docencia y la investigación, la diversificación de carreras, la implementación de equipos, laboratorios y nuevas tecnologías en beneficio de la enseñanza y la ciencia.

Esta modernización de los laboratorios permitió a la Dirección General de Investigación Científica, surgida en 1974 del antiguo Instituto de Investigaciones Científicas, trazar un programa por medio de los centros de investigación consagrados a las áreas económica, agropecuaria, biomédica, ecológica, biológica, química, ingeniería y físico-matemáticas que sustentaron la actividad científica de la institución.

El incremento de la población escolar ante la demanda de educación superior propició que la población se multiplicara tres veces en seis años tras rebasar los diez mil estudiantes. A este crecimiento se unió el de la infraestructura física en más de cien mil metros cuadrados de construcción. Se estableció un programa de obras nuevas con aportaciones del presidente Luis Echeverría Álvarez, para cuya administración se integró en 1973 la Comisión Tripartita con representantes del Patronato Universitario, gobierno del estado y Rectoría y se creó el Departamento de Planeación y Construcción de Obras Nuevas para llevarlas a cabo.

Fueron establecidas por su parte nuevas preparatorias generales tanto en los municipios urbanos como en la zona rural del estado con el fin de descentralizar la estructura educativa del nivel medio superior. Así nacieron en 1973 las preparatorias 10 de Doctor Arroyo, 11 de Cerralvo, 12 de Cadereyta Jiménez, 13 de Allende y 14 de General Terán; en 1974, la 15 de Monterrey, 16 de San Nicolás, 17 de Ciénega de Flores, 18 de Hidalgo, 19 de Villa de García y 20 de Santiago; en 1975 la 22 de Guadalupe y en 1977 la 23 de Santa Catarina, además de crearse la Preparatoria Técnica Médica en 1974.

Como respuesta a este fenómeno y para ampliar las oportunidades de acceso a la educación, la Universidad incorporó nuevas técnicas educativas, tales como los sistemas abierto, semi abierto, individualizado o personalizado. Igualmente, uno de los aspectos subsanados tras la crisis institucional fue la vinculación con la empresa privada. La UANL inauguró un acercamiento de mutuo conocimiento con uno de los sectores sociales más importantes: el poderoso grupo empresarial e industrial regiomontano. En razón de ello la creación de nuevas carreras se dio acorde con la demanda del sector productivo y el desarrollo industrial del país, además las oportunidades para los universitarios se ampliaron en cuanto a la prestación de su servicio social, prácticas profesionales y oportunidades de empleo.

En esos años se duplicó el número de licenciaturas al crearse carreras en áreas especializadas de la ingeniería, la salud, la administración y las humanidades: Medicina Veterinaria y Zootecnia (1973), Salud Pública y Nutrición (1973), Sociología (1973), Historia (1973), Ciencias Políticas (1974), Organización Deportiva (1974), Periodismo (1974), Ciencias Computacionales (1975), Pedagogía (1975), Ingeniero Administrador de Sistemas (1975), Ingeniero en Electrónica y Comunicaciones (1975) e Ingeniero en Control y Computación (1975). Además, la integración de las escuelas de Teatro, Música y Artes Plásticas, y los talleres de Danza y Cinematografía dieron origen a la creación del Instituto de Artes (1976).

Para consolidar estos nuevos programas educativos se constituyó una base informática y bibliográfica a través del Centro de Informática y Biblioteca Central que sería custodio a partir de 1980 de la biblioteca personal del Regiomontano Universal Alfonso Reyes, erigiéndose de esta forma la Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria, cuyos fondos fueron robustecidos con nuevos acervos como los de “Díaz Ramírez”, “Reyes Velázquez” y “Abelardo Leal”, además, dentro de ella se constituyó el Centro de Información de Historia Regional (CIHR).

El fomento del deporte como parte fundamental del proceso educativo obtuvo grandes lauros con los campeonatos de los Auténticos Tigres en la Liga Mayor en 1974 y 1977 bajo el mando de Cayetano Garza, así como algunos triunfos más en otras disciplinas, siendo el más notorio el ascenso a Primera División en 1974 y los títulos de Copa y de Liga de los Tigres de futbol soccer en 1976 y 1978, respectivamente, así como el subcampeonato en 1980, generaron un sentimiento de unidad, respeto, autoestima y mística institucional.

“La capacidad de diálogo y conciliación, conservando la pluralidad ideológica –exponía el rector Luis Eugenio Todd– trajo consigo la tranquilidad, empezó una época de creatividad académica y de estabilidad política y social”.

Linares and Mederos Campus

During the administration of Alfredo Piñeyro Lopez (1979-1985) the unionist movements ceased, closing a cycle of high intensity struggle within the UANL.

Linares Campus was built within 217 acres of Hacienda de Guadalupe, as part of a large-scale project to develop and decentralize scientific education and research activities. In addition, the project to build a center in this place had as objectives to expand the areas of knowledge with the creation of nine institutes that would be formed with different colleges.

The University established another academic complex in the southern sector of Monterrey known as Mederos Campus. It brought together schools and colleges in areas related to the social sciences, arts and humanities: the School of Visual Arts and the School of Performing Arts both created on April 29, 1980.

The atmosphere of university stability was emphasized by Gregorio Farias Longoria (1985-1991): “The University is a harmonious system of differences that is maintained in balance based on respect among its components. Political, cultural, and social interests, as well as groups and individuals are presente and valid to the extent that they adapt to the established norms”.

One of the most significant changes in the Institution took place in the mid-1980s, when the development of informatics led to a more intensive use of microcomputers in the different departments, including the beginning of automation systems in administrative, academic, and research processes. Students received training in their use, until a change was made to the study plans to incorporate two subjects of introduction to computing in the third and fourth semesters. Professors were also trained in the use of this tool as a support to teaching and research. New spaces were built and equipped with computer laboratory and the Computer Services Center was built next to Capilla Alfonsina.

Education reform

In December 1991, the Maximum academic institution aimed at reaching academic excellence in order to increase the quality of the graduates at all levels. Under the leadership of Manuel Silos (1991-1996) an education reform was included in our school programs. This proposed a series of adjustments to high school curriculum, with a clear idea of improving content in the areas of Spanish and Mathematics.

As a result, the education reform which was to be completed in July 1995, significantly increased the terminal efficiency of its students from 51 to 73 percent.

In a broad sense, UANL experienced a marked development in all areas: the curricula was revised, the equipment of workshops and laboratories modernized, and language centers multiplied.

Emerging technology of internet simplified academic and administrative procedures online. The fiber optic network for digital telephone communication and data transmission, supported research and cultural tasks. In November 1994, the University Library “Raul Rangel Frias” was inaugurated, with all the advantages of the digital world.

Institutional plans

During Rogelio G. Garza Rivera (2015-2021) administration, UANL is now recognized by national and international organizations among the best from a global approach. This was achieved by establishing work schemes, promoting academic exchange and cooperation with social and productive sectors.

The creation and restructuring of educational programs were encouraged to favor mobility and academic exchange, as well as double degrees with prestigious foreign institutions, promoting inclusion and intercultural awareness.

UANL also expanded opportunities for access to a greater number of young people who wish to study at the University, reaching for the first time the number of registered students at the beginning of August-December 2018. This was partly the result of making education more accessible, such as the use of new technologies.

UANL 4.0 a new initiative which, in addition to training Human Resources with digital skills, promoted research and innovation within the framework of this technological revolution. To this end, programs were adapted and created to train human capital with 4.0 skills under the triple helix model: government-business-academy.

Some efforts were made for reducing water and electricity consumption. Sustainability criteria was established with the construction and remodeling of buildings to determine the efficiency of cooling and lighting systems. An institutional policy was implemented to reduce the environmental impact generated by their daily activities and to ensure transparency and accountability in their management and academic activities.

In this way, UANL is a socially responsible, plural, and inclusive world-class institution and a learning community open to change, innovation, and  collaboration.

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