EDITORIAL
¿SE
PUEDE HABLAR DE POLÍTICAS DE GENÉRICOS EN
AMÉRICA LATINA?

El
aumento creciente del gasto en salud y sobre todo del gasto
en medicamentos, y la epidemia del SIDA han llevado a que
muchos países adopten nuevas políticas farmacéuticas.
Una de las estrategias que han adoptado la gran mayoría
de países Latinoamericanos es la promoción
del uso de medicamentos genéricos, pero esta frase
tiene significados muy distintos para los diferentes países,
e incluso dentro de un mismo país puede significar
cosas distintas dependiendo del contexto.
En
México hay medicamentos innovadores, genéricos
intercambiables y medicamentos similares. La Secretaria
de Salud (SSA) es la encargada de certificar que un medicamento
es genérico intercambiable y el número de
medicamentos incluidos en esta categoría es muy limitado.
En Brasil y Argentina sólo los medicamentos que han
superado las pruebas de bioequivalencia se consideran medicamentos
genéricos, y en estos dos países los medicamentos
similares o copias son los que acaparan la mayor proporción
del mercado farmacéutico. En Bolivia, Chile, Costa
Rica, Colombia, Ecuador, Nicaragua, Perú y Uruguay
los medicamentos pueden ser de marca o genéricos;
en estos países los medicamentos de marca pueden
ser innovadores o similares, y los genéricos son
los medicamentos que están fuera de patente y se
identifican con la Denominación Común Internacional
(DCI o INN por sus siglas en inglés) o con nombres
reconocidos internacionalmente. En el caso de Brasil solo
los medicamentos que han superado las pruebas de bioequivalencia
pueden identificarse con el DCI pero en el resto de países
hay medicamentos similares que se identifican con el DCI.
Esta confusión terminológica tiene serias
repercusiones prácticas. En Argentina, cuando el
gobierno lanzó la política de prescripción
por nombre genérico, la asociación médica
se rebeló arguyendo que en Argentina no hay medicamentos
genéricos sino similares. Uruguay y Paraguay también
han adoptado políticas de prescripción por
nombre genérico pero la gran mayoría de los
medicamentos que se encuentran en el mercado son similares.
En
México hay quienes consideran que los medicamentos
similares por el hecho de llevar ese nombre son de baja
calidad, y la confusión que se generó en Argentina
también incluía preocupación por la
calidad. En la práctica, la calidad de los medicamentos
es independiente de su clasificación como genérico
o similar; incluso los medicamentos innovadores pueden ser
de mala calidad si se producen sin respetar las buenas prácticas
de manufactura.
La
preocupación por la calidad de los medicamentos similares
es un hecho reciente que ha cobrado intensidad con la firma
del Acuerdo de Protección de la Propiedad Intelectual
y el Comercio (ADPIC) en 1995. Hasta ese momento, eran muy
pocos los países que otorgaban protección
de patente a los medicamentos y cuando lo hacían
se referían al proceso de producción y no
al producto final. Muchos países, incluyendo España,
desarrollaron una industria farmacéutica nacional
en base a la producción de medicamentos similares,
y durante décadas la mayor parte de las unidades
vendidas eran productos similares. El panorama era muy parecido
en Europa y Canadá; en estos países nunca
se cuestionó la calidad de estos medicamentos y son
muchos los que se preguntan por qué hay que hacerlo
ahora. Independientemente de cual sea la motivación,
hay que reconocer que el control de la calidad de los medicamentos
deja mucho que desear en la mayoría de los países
Latinoamericanos. Son pocos los países que cuentan
con laboratorios de control de calidad, e incluso los países
que cuentan con ellos tienen dificultades para controlar
los productos que penetran el mercado farmacéutico.
A la vez las autoridades reguladoras y los sistemas de registro
de medicamentos se han ido debilitando y ha aumentado el
comercio de medicamentos falsos. Este contexto amenaza el
éxito de las políticas de reducción
de precio medicamentos, incluyendo las políticas
de genéricos y similares.
El
control de la calidad de los medicamentos, sobre todo de
los que tienen un margen terapéutico estrecho, requiere
personal capacitado y laboratorios especiales y no está
al alcance de todos los países de la región.
Por otra parte, el control de la calidad, eficacia y seguridad
de los productos farmacéuticos es de capital importancia
para proteger a la población y para implementar políticas
de control de costos. Tal vez es hora de empezar a considerar
la posibilidad de establecer centros regionales de control
de calidad y/o de registro de medicamentos. Tal como se
demostró recientemente en la negociación de
precios de medicamentos antirretrovirales en Perú,
América Latina puede beneficiarse de la consolidación
de sus mercados farmacéuticos, pero para que se pueda
ir avanzando en esa dirección hay mucho camino por
recorrer, incluyendo la armonización de definiciones
y un mejor entendimiento de las prácticas de regulación
y control de calidad de los medicamentos de los diferentes
países de la región.
Dra.
Nuria Homedes
Profesora Asociada, Escuela
de Salud Pública
Universidad de Texas - Houston, Tx., Estados Unidos
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