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LOS
CAMPOS ELECTROMAGNÉTICOS: ¿UN PROBLEMA DE SALUD PÚBLICA?
J. Antonio Heredia-Rojas, Laura Rodríguez-Flores,
Martha Santoyo-Stephano, Esperanza Castañeda-Garza,
Abraham Rodríguez-De la Fuente.
Facultad de Ciencias Biológicas, Universidad Autónoma
de Nuevo León (México)
E mail Jheredia59@att.net.mx
y jheredia59@hotmail.com
Introducción
Desde
que el hombre apareció en el planeta ha convivido
con los campos magnéticos de la tierra y con los
campos electromagnéticos provenientes del espacio
exterior, los que probablemente tuvieron y tienen influencia
sobre diversas funciones biológicas. Como resultado
del avance tecnológico que conlleva a un aumento
en el uso de la energía eléctrica, en este
último siglo el ser humano está cada vez más
expuesto a campos electromagnéticos (CEM) de frecuencia
extremadamente baja particularmente de 50-60 Hz, similares
a los producidos por el tendido eléctrico y una gran
variedad de aparatos electrodomésticos. Por otra
parte, las personas ocupacionalmente expuestas a campos
magnéticos incluyen, entre otros, operadores de resonancia
magnética, radar y radiofrecuencia, instalaciones
de física especializada y biomédica, trabajadores
de fundición eléctrica y procesos electrolíticos.
A
finales de los años setenta aparecieron trabajos
que sugerían la asociación entre CEM y cáncer,
particularmente leucemia infantil (1). A partir de entonces
se han llevado a cabo una gran cantidad de estudios, tanto
epidemiológicos como de laboratorio, para tratar
de establecer una posible relación entre la exposición
a CEM y enfermedades del ser humano (2). En la presente
revisión, se tratará de dar una aproximación
al contexto actual sobre la controversia que se ha dado
acerca del riesgo potencial que representa el estar sometido
a la influencia de campos magnéticos y si esto podría
llegar a convertirse en un problema de salud pública.
Asimismo se presenta un resumen de la experiencia de siete
años de trabajo en que hemos investigado el efecto
biológico de los campos magnéticos.
Física
de los Campos Electromagnéticos
Wood
(3), señala que en los tiempos de Tales de Mileto
(640 546 a. C.), el hombre hablaba de atracciones
magnéticas. Desde hace más de dos mil años,
los chinos utilizaron la brújula magnética
para orientarse en sus viajes marítimos y por los
desiertos de Mongolia. Como es sabido, el fundamento de
la brújula es adoptar una orientación, la
cual esta dada por un campo magnético periférico.
Ya
en tiempos modernos, el físico danés Hans
Christian Oersted, en 1820, observó que la orientación
de la aguja de una brújula puede cambiar por la acción
de una corriente eléctrica de forma semejante a como
lo hacía un imán. Esto lo llevó a pensar
que alrededor de un conductor de electrones se forma un
campo que se manifiesta como un imán, siendo así
como relacionó el magnetismo con la electricidad
(4).
Un
campo magnético se define como la región en
el espacio en el que un objeto magnetizado puede, a su vez,
magnetizar a otros cuerpos. De acuerdo a la distribución
de su intensidad se pueden clasificar en:
- Homogéneos:
en donde la intensidad del campo es uniforme.
- Heterogéneos:
en donde la intensidad disminuye proporcionalmente con
la distancia del centro.
Y
de acuerdo a sí son constantes o variables en el
tiempo se clasifican en:
- Estáticos:
las líneas de fuerza y su dirección son
constantes en el tiempo.
- Oscilantes:
la carga se alterna en cada impulso a la vez que la intensidad
también varía.
Tomando
en cuenta ambos criterios de clasificación, el efecto
de los campos magnéticos sobre los diversos sistemas
biológicos dependerá de sí éste
es homogéneo, heterogéneo, estático
u oscilante (5).
Por
otro lado, un campo eléctrico se origina por cargas
eléctricas estáticas. Cuando el campo magnético
y eléctrico en una región determinada varían
en el tiempo, ambos se relacionan de tal manera que todo
campo eléctrico que varíe con el tiempo, siempre
va acompañado de un campo magnético también
variable y viceversa, por lo tanto, el así llamado
campo electromagnético, es resumido por Parker
(6) como la interrelación entre campo eléctrico
y magnético en una sola entidad física.
Según
Stewart (7), en general para la transmisión de corriente
alterna (A. C.), en Norteamérica, la frecuencia es
de 60 Hertz (Hz) y para Europa y otras regiones, es de 50
Hz, entendiéndose por frecuencia el
número de ciclos completos por unidad de tiempo.
En el Sistema Internacional de Unidades 1 ciclo/1 seg. equivale
a 1 Hz.
Por
otra parte, en un campo magnético la fuerza esta
dada por la densidad de flujo magnético (también
llamada intensidad magnética), siendo esta
el número de líneas de fuerza que pasan por
unidad de área. La unidad en el sistema sexagesimal
para la intensidad magnética es el Oersted (Oe)
establecido en 1932 por acuerdo internacional, como
sustituto de Gauss (G), aunque sigue utilizándose
más éste ultimo en la literatura. Para el
Sistema Internacional de Unidades la densidad de flujo magnético
está dada en Teslas (T), en donde cada
T equivale a 10,000 G (8).
A
su vez, la intensidad de un campo magnético depende
no solo de una variable eléctrica, sino además
de la distancia, su magnitud se relaciona directamente con
el flujo de corriente (medido en amperes) y es inversamente
proporcional al cuadrado de la distancia. En forma similar,
la magnitud del campo eléctrico está en proporción
directa al voltaje y decrece conforme la distancia aumenta
(9).
Efectos
Biológicos de los Campos Magnéticos
Debido
a su composición electrolítica los seres vivos
son por lo general buenos conductores de la electricidad.
A través de las membranas celulares y de los fluidos
corporales intra y extracelulares existen corrientes iónicas,
especialmente en las células nerviosas y musculares
a las cuales debe estar asociado un campo magnético.
Además, en los sistemas biológicos existen
estructuras magnéticamente influenciables como los
radicales libres que presentan propiedades paramagnéticas
y aquellas en las que intervienen sustancias ferromagnéticas.
La respuesta de un sistema biológico a un campo magnético
externo depende tanto de las propiedades magnéticas
intrínsecas del sistema como de las características
del campo externo y de las propiedades del medio en el cual
tiene lugar el fenómeno (10).
Experimentalmente
se ha probado que en los cambios que sufren algunos parámetros
de los sistemas biológicos por la acción de
los campos magnéticos influyen no solamente la intensidad,
sino también las características espaciales
y temporales de dicho campo (11). Dentro
de este contexto es diferente el efecto de un campo estático,
que solamente produciría una rotación de los
dipolos magnéticos tendiendo a orientarlos en la
dirección del campo y restringiendo su movilidad
, ocasionando así un efecto significativo si éstos
participan en reacciones químicas. En contraste,
un campo oscilante que presenta variaciones periódicas
con el tiempo y que puede inducir movimientos sobrepuestos
a la oscilación en los dipolos magnéticos
moleculares, podría afectar la velocidad de las reacciones
químicas dependiendo de la amplitud, frecuencia y
sentido de las variaciones del campo magnético. En
la literatura científica un gran número de
trabajos prueban el efecto de los campos magnéticos
sobre reacciones enzimáticas in vitro, dando
efectos cualitativa y cuantitativamente diferentes dependiendo
de la reacción que se trate y de las características
del campo (12).
Por
otra parte, en los seres vivos que se desplazan en el seno
de un campo magnético como el terrestre, se induce
una diferencia de potencial que puede alterar su motilidad.
Aunque el campo geomagnético es relativamente débil,
estos efectos han sido observados en elasmobranquios. Se
sabe que los tiburones y rayas poseen mecanismos basados
en la inducción electromagnética para orientarse
y localizar a sus presas y que la intensidad del campo magnético
puede ser un factor limitante en la capacidad de respuesta
del sujeto. También se ha propuesto que las aves
migratorias poseen un mecanismo de orientación para
la navegación basado en la generación de potenciales
eléctricos inducidos electromagnéticamente.
Igualmente, se ha encontrado que algunos microorganismos,
particularmente bacterias, tienen la propiedad de orientar
su movimiento en respuesta a un campo magnético externo
(magnetotactismo), estas bacterias contienen una o dos cadenas
intracelulares ricas en partículas de fierro. Asimismo
se han descrito propiedades de magnetosensibilidad para
una gran diversidad de insectos migratorios y aún
en el ser humano, aunque en éste último el
hallazgo es controversial (13).
Por
otra parte, las ondas de radio y algunos tipos de luz ultravioleta,
son algunas radiaciones no ionizantes a las que el hombre
está frecuentemente expuesto. Los efectos biológicos
de las primeras están siendo determinados en la actualidad,
mientras que el daño que produce la luz ultravioleta
en el ADN se ha relacionado con la formación de dímeros
de timina, que es la lesión más frecuentemente
inducida por esta radiación, por lo general estos
daños son eliminados por las células a través
de mecanismos de reparación por escisión.
Si las células expuestas no son eficientes en este
tipo de reparación, el daño al ADN permanecerá
y la célula sufrirá alteraciones considerables
como en el caso del Xeroderma pigmentosum y del cáncer
en la piel (14).
Por
otro lado, radiaciones no ionizantes de frecuencia extremadamente
baja como es el caso de los campos magnéticos de
60 Hz han mostrado tener efectos sobre los sistemas biológicos
y se ha informado que éstos pueden afectar la velocidad
de las reacciones y una gran cantidad de procesos bioquímicos.
Asimismo, se ha informado que los CEM tienen efectos sobre
la síntesis de ADN, ARN y proteínas, cambios
en la producción de hormonas; modificación
de la respuesta inmune y en el grado de crecimiento y diferenciación
celular (15).
Adicionalmente
se han obtenido evidencias experimentales que sugieren que
los CEM afectan el crecimiento y proliferación en
varios tipos de células. (16,17,18,19)
Desde
el punto de vista físico, se ha demostrado que es
el campo eléctrico inducido por el campo magnético
variable el que determina la respuesta celular. Sin embargo,
la influencia de un campo magnético estático
añadida al campo variable, también ha quedado
demostrada, por lo que el mecanismo de interacción
es más complejo que la sola influencia de campos
eléctricos inducidos. Se supone que la interacción
principal ocurre en la membrana celular y más específicamente
en los canales iónicos, siendo los del calcio los
que participan más activamente en las alteraciones
biológicas (20).
Se
ha evaluado también el efecto de los campos eléctricos
en embriones. En un estudio, se expusieron ratones C3H/He
machos, a un campo eléctrico de 20 kV/m de 50 Hz
de frecuencia por dos semanas. Después, cada ratón
macho fue apareado con 2 hembras diferentes cada semana
durante un período de 8 semanas para que las hembras
fueran fecundadas por los ratones que habían sido
expuestos al campo eléctrico y no se encontraron
alteraciones en la sobrevivencia de los embriones
(21).
En
otro estudio Nordstrom y cols. (22) encontraron un incremento
en la frecuencia de malformaciones congénitas en
niños cuyos padres trabajaban en fuentes generadoras
de alta tensión, lo cual podría indicar, efecto
a nivel genético de los CEM.
Por
otra parte, es bien sabido que los CEM pueden producir una
variedad de efectos benéficos en los sistemas biológicos.
Los campos magnéticos pulsantes por ejemplo, son
usados para la reparación de fracturas óseas,
Andrew y Basset (23), mostraron que el tejido óseo
es sensible a campos magnéticos y eléctricos
de baja frecuencia. Primero se sometió al tejido
a un campo magnético variable de baja frecuencia
y se detectó que en el tejido se inducía una
corriente, ya que la lectura del voltímetro se modificaba
en presencia de dicho campo. De este modo se inicio el estudio
de la posible utilización de campos magnéticos
para la terapia de fracturas persistentes y en algunos casos,
de osteoporosis.
Campos
Electromagnéticos y Cáncer
Recientemente
se ha discutido la posible asociación de la exposición
a CEM con el desarrollo de leucemia aguda y se ha propuesto
una relación entre la forma de exposición
al campo magnético en niños y adultos, sin
embargo, no se han definido bien a estos agentes físicos
como causantes de la enfermedad (24).
Asimismo,
en varios estudios epidemiológicos se ha correlacionado
la exposición de seres humanos a campos electromagnéticos
con una alta incidencia de cáncer. (25,26,27,28,29)
En
contraste, Costa y Hoffmann (30), descubrieron que campos
magnéticos de alta intensidad, en el intervalo 1
a 50 T, con una frecuencia de 5 a 1000 KHz, reducen la concentración
de células malignas en tejido animal. Por lo general
para el tratamiento del cáncer, el tejido enfermo
se somete de 1 a 1000 pulsos de 100 m seg a un segundo
de duración dependiendo del tipo de tumor. El efecto
de este tratamiento es la reducción en el número
de células malignas; después se aplica la
quimioterapia. La ventaja es que no se genera calor en el
tejido y aunque el tejido normal también sufre alteración,
el cambio es menor comparado con el efecto que tiene en
las células cancerosas. En adición, las células
del sistema inmunológico no se afectan con el tratamiento
por lo que el efecto neto en el organismo es favorable.
Por
otro lado, se han postulado teorías acerca de la
posibilidad de carcinogénesis asociada con los CEM.
Así, Fitzgerald (31), propuso un mecanismo para explicar
la formación de un tumor debido a esta causa en el
cual se tienen al menos dos etapas: 1) Etapa de iniciación,
en la cual el ADN es dañado por un agente externo,
produciendo ADN anormal y dando lugar a la expresión
de proteínas anormales. Para la iniciación
se requiere suficiente energía para romper los enlaces
químicos del ADN (más de la que pueden proporcionar
los CEM a los cuales estamos habitualmente expuestos). 2)
Etapa de promoción, que es el período de latencia
entre la exposición a un carcinógeno y la
manifestación de cáncer. De acuerdo a lo anterior
los CEM actuarían más bien como promotores
que como iniciadores, ya que acelerarían el proceso
de desarrollo de cáncer más que inducirlo
directamente.
En
un estudio experimental (32) se indujeron
tumores mamarios en ratas utilizando el 7, 12 dimetilbenzantraceno
(DMBA) a un grupo de 99 ratas hembras para luego exponer
a campos magnéticos de 100 m T por 24 horas
diarias durante 7 días; otro grupo de 99 ratas fue
utilizado como testigo bajo las mismas condiciones ambientales
que el grupo expuesto al tratamiento. Los resultados indicaron
que las ratas tratadas con DMBA y expuestas por un largo
período al campo magnético, manifestaron un
crecimiento e incidencia de tumores mamarios malignos mayor
que el del grupo no expuesto al campo magnético.
Por
otro lado se ha observado que cuando se exponen cultivos
de células cancerosas a campos magnéticos,
se presentaba un aceleramiento significativo en el crecimiento
celular, el cual continuaba a una tasa rápida aún
después de la exposición al campo magnético.
Asimismo, en ratas en las que se indujo la formación
de tumores mamarios químicamente, se encontró
que presentaban un grado mayor de crecimiento de tumor cuando
se exponían a campos magnéticos de baja frecuencia
(33)
Por
otra parte, se ha sugerido que el riesgo de leucemia infantil
puede estar relacionado con los efectos combinados de campos
magnéticos estáticos y de campos magnéticos
de frecuencia extremadamente baja (34).
También en otro estudio (35),
se ha sugerido que los CEM tienen relación con el
cáncer, para esto, se incubaron cultivos de sangre
periférica en presencia de un CEM de 5 mT y 50 Hz
de frecuencia. Los resultados obtenidos indicaron que los
efectos carcinogénicos originados por los CEM no
son de tipo iniciador, pero probablemente tengan efectos
promotores.
Efectos
Genéticos de los Campos Electromagnéticos
No
hay a la fecha un consenso general acerca del efecto genotóxico
atribuído a la exposición a CEM de 60 Hz,
sin embargo se han realizado diversos estudios que incluyen
una diversidad de modelos biológicos, por ejemplo
en una investigación se expuso a Salmonella typhimurium
previamente tratada con azida (mutágeno químico)
a un CEM de 2 Gauss y de 60 Hz de frecuencia, y se encontró
un incremento de 14% en la tasa de mutación
(36).
Por
otro lado, Koana y cols. (37), estimaron los efectos genéticos
de los campos magnéticos sobre la mosca de la fruta
Drosophila melanogaster. Las larvas jóvenes
tanto de genotipos normales y mutantes fueron expuestas
a un campo magnético homogéneo de 0.6 T por
24 h, y luego fueron dejadas para continuar el desarrollo
bajo condiciones de cultivo normal y finalmente emerger
al estadío de pupa. Después de la eclosión
los sobrevivientes fueron contados y se encontró
que el número de adultos de genotipo mutante, aumentó
aproximadamente un 8 % comparado con el grupo control, lo
cual sugiere que el campo magnético estático
provoca daño a nivel del DNA de células larvarias
eliminando los homocigóticos recesivos.
En
lo que respecta al efecto en cromosomas, Nordenson y cols.
(38) expusieron células amnióticas de humano
a un campo magnético sinusoidal de 30µT y de 50 Hz
por espacio de 72 h y encontraron un incremento en la frecuencia
de aberraciones cromosómicas comparado con un grupo
no expuesto.
En
contraste Galt y cols. (39) probaron el efecto de un CEM
de 30µT de 50 Hz sobre células amnióticas
humanas durante un período de exposición de
tres días, con el fin de confirmar los experimentos
realizados por Nordenson y colaboradores en los cuales el
rompimiento de cromosomas y la formación de gaps
era relativamente alta después de la exposición.
Pero ellos no encontraron incremento de daño a los
cromosomas en las células expuestas a campos electromagnéticos.
En
un estudio relacionado a los anteriores, se encontró
un incremento significativo de aberraciones cromosómicas
cuando exponían cultivos de linfocitos periféricos
de bovino a CEM de 50 Hz. También se observó
un incremento en el número de aberraciones cromosómicas
en células tumorales de ratón después
de exponerlas a campos electrostáticos y también
en linfocitos expuestos a microondas
(40).
En
otra investigación, se expusieron líneas celulares
linfocíticas de pacientes con síndromes de
inestabilidad cromosómica a campos magnéticos
de 1-2 Gauss de 60 Hz, y no encontraron efecto en la frecuencia
de intercambio de cromátidas hermanas y rompimiento
de cromosomas (41).
Por
otro lado, en otro trabajo se analizaron linfocitos humanos
periféricos de 32 trabajadores ocupacionalmente expuestos
a transformadores que generan campos magnéticos intensos
por más de 20 años y no se encontraron cambios
en la frecuencia de aberraciones cromosómicas ni
del intercambio de cromátidas hermanas
(42).
Además,
en otro estudio relacionado, se expusieron linfocitos humanos
in vitro a campos electromagnéticos de 2.5
mT. y los resultados obtenidos no demostraron efecto genotóxico
ocasionado por los mismos (43).
Por
otra parte Rosenthal y Obe (44), expusieron linfocitos humanos
periféricos a CEM y encontraron que no alteraban
la frecuencia espontánea de intercambio de cromátidas
hermanas y aberraciones cromosómicas, pero cuando
se sometían linfocitos previamente expuestos a mutágenos
químicos a la acción de los CEM, se encontró
una frecuencia de intercambio de cromátidas hermanas
mayor qué cuando estaban en presencia del mutágeno
químico, pero en ausencia del campo magnético,
lo cual sugería un efecto sinérgico.
En
otro trabajo se estudió el efecto in vitro
de los campos electromagnéticos pulsantes de 10,
20 y 40 Gauss por 48 horas sobre linfocitos humanos periféricos,
utilizando la prueba citogenética de intercambio
de cromátidas hermanas y no encontraron diferencia
estadísticamente significativa entre los grupos expuestos
a CEM y el testigo (45).
Sin
embargo Khalil y Qassem (46) expusieron linfocitos humanos
a CEM de 1.05 mT y frecuencia de 50 Hz por 24, 48 y 72 h
y encontraron disminuida la actividad mitótica y
un alto índice de aberraciones cromosómicas.
Por
otra parte, se realizaron exposiciones de linfocitos humanos
a campos eléctricos (0.5,2.0,5.0 kV/m) de 50 Hz para
ver si estos producían efecto genotóxico (estudiando
la formación de micronúcleos) in vitro.
Se encontró que los campos eléctricos
de 50 Hz de frecuencia no producen efectos genotóxicos
a nivel cromosómico (47).
En
otro trabajo realizado en seres humanos, se determinó
la frecuencia de aberraciones cromosómicas, intercambio
de cromátidas hermanas, índice de replicación
y micronúcleos en linfocitos periféricos de
27 muestras de trabajadores de fuentes de alta tensión,
que tuvieron períodos prolongados de exposición
a los CEM de 50 Hz y 27 muestras de trabajadores de la línea
telefónica que servían como grupo de referencia.
Lo que se obtuvo fue que no existían diferencias
estadísticamente significativas entre los grupos
en el análisis de intercambio de cromátidas
hermanas, índice de replicación o formación
de micronúcleos. Sin embargo, se observó un
incremento con el rompimiento de cromosomas en los trabajadores
de fuentes de alta tensión comparado con el grupo
de referencia, por lo cual se sugiere que la exposición
a CEM 50 Hz está asociada con un incremento en el
rompimiento de cromátidas (48).
Evaluación
del Potencial Genotóxico y Citotóxico de Campos
Electromagnéticos de 60 Hz.
En
años recientes, se ha trabajado en el laboratorio
de Física de la Facultad de Ciencias Biológicas
de la Universidad Autónoma de Nuevo León,
sobre un proyecto de largo alcance que tiene como propósito
evaluar el riesgo genotóxico y/o citotóxico
asociado con una exposición a CEM oscilantes de 60
Hz similares a los generados por el tendido eléctrico,
sub-estaciones de distribución y en general por dispositivos
que funcionan con electricidad de la red de corriente alterna
y que circundan nuestro medio ambiente, en células
de mamífero. Se midió la influencia de estos
campos magnéticos en cultivos de Linfocitos humanos
(49) a intensidades de 1.0, 1.5 y 2.0 mT y se
observó un aumento en la proliferación celular,
evaluado por el índice mitótico y proliferativo.
Asimismo evaluamos el efecto de los CEM en células
sanguíneas circulantes de ratón in vivo
(50) y encontramos que los linfocitos disminuyen
y los neutrófilos se incrementan en respuesta a un
tratamiento magnético similar al utilizado para el
caso de los linfocitos in vitro. También,
se ha estudiado en nuestro laboratorio el efecto clastogénico
en células de médula ósea de ratón
in vivo y se encontró un aumento en la frecuencia
de células micronucleadas, lo que es un indicador
de rupturas cromosómicas, en animales tratados a
las intensidades magnéticas antes mencionadas (51).
Sin embargo, al estudiar los efectos de este factor físico
sobre células germinales reproductoras de ratón
in vivo, no se encontró efecto citotóxico
o genotóxico al evaluar aberraciones en cromosomas
meióticos y alteraciones morfológicas de células
espermáticas (52). Recientemente
se estudiaron los efectos agudos de 1.0 mT de CEM de 60
Hz sobre funciones ex vivo de macrófagos y
linfocitos murinos y sobre crecimiento de células
tumorales y no se detectó ningun cambio, en comparación
con animales no tratados (53).
Conclusión
Basados
en lo anteriormente mencionado, no se puede afirmar contundentemente
que los campos electromagnéticos puedan considerarse
un problema de salud pública generalizado, sin embargo,
hay suficiente evidencia de que estos campos representan
una forma de energía que conviene evitar. Recientemente
se ha postulado que los campos magnéticos del medio
ambiente juegan un papel importante en la alteración
de la expresión génica lo que puede tener
consecuencias negativas sobre la salud humana (54).
También se ha dicho que la gran variabilidad y lo
controversial de los resultados, se debe a que hay demasiadas
variables involucradas y que no todos los experimentos se
realizan con la rigurosidad necesaria (55).
Por
otro lado, es evidente que a través del tiempo ha
sido creciente la cantidad de agentes físicos y químicos
a los que nos vemos expuestos como producto del desarrollo
tecnológico e industrial, en consecuencia también
ha aumentado el interés público por los posibles
efectos negativos que para la salud pudiera tener la exposición
a estos factores. Si bien, para una gran cantidad de éstos
(pesticidas, metales pesados, radiaciones ionizantes, etc.)
ya se han comprobado efectos adversos para la salud, existen
otros agentes que son objeto de gran controversia debido
a que sus efectos no han sido determinados con claridad,
como anteriormente se indicó al respecto de la exposición
de CEM de frecuencia extremadamente baja.
Los
resultados de las investigaciones aquí presentadas,
incluyendo nuestra propia experiencia, sugiere que los campos
magnéticos son capaces de modificar actividades celulares,
y que esto debe ser considerado en la estimación
del riesgo potencial que representa una exposición
laboral o ambiental a estos agentes físicos.
Resumen
En
la presente revisión, se da una aproximación
al contexto actual sobre la controversia que se ha dado
acerca del riesgo potencial que representa el estar sometido
a la influencia de campos magnéticos y si esto podría
llegar a convertirse en un problema de salud pública.
Los resultados de las investigaciones aquí presentadas,
sugieren que los campos magnéticos son capaces de
modificar actividades celulares, y que esto debe ser considerado
en la estimación del riesgo potencial que representa
una exposición laboral o ambiental a estos agentes
físicos
Palabras
clave: campos electromagnéticos, salud pública
Abstract
In
the present revision, an approach to the present context
occurs on the controversy that has occurred about the potential
risk that represents being submissive the influence of magnetic
fields and if this could get to become a problem of public
health. The results of the investigations presented here,
suggest them magnetic fields are able to modify cellular
activities, and that this must be considered in the estimation
of the potential risk that represents a labor or environmental
exposition these physical agents
Key
words:Electromagnetic field, Public health
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