México es un lugar de sueños

   

 
El Premio Nobel de Literatura 2008 Jean-Marie Gustave Le Clézio encabezó el programa cultural de la quinta Feria Universitaria del Libro UANLeer con una conversación conducida por Philippe Ollé-Laprune el 11 de marzo, y una conferencia magistral al día siguiente, sobre el tema de la interculturalidad.
Lizbet García Rodríguez
 
Desde muy joven empezó a escribir libros dedicados a la realidad, “quería verla con mis ojos y traducirla con palabras” dice el escritor francés y añade que no tenía el menor interés en los sueños. “Pero luego advertí el concepto original de que la literatura estaba conectada con ellos, entonces yo esperaba cada noche que llegara un sueño y me pudiera dirigir en mi escritura futura”.
 
Su obra abarca unos 40 libros traducidos a 36 idiomas, incluyendo novela, relato breve, ensayo, diarios y traducciones de mitología. En 1980 recibió el premio Paul Morand de la Academia Francesa por la novela Desierto y en esa misma década pasó una temporada como maestro investigador en El Colegio de Michoacán. Por esa época escribió La Relación divina de Michoacán, El sueño mexicano o el pensamiento interrumpido y Diego y Frida.
 
“Cuando llegué a Zamora de Hidalgo, el historiador Luis González me preguntó ‘¿De qué va hablar?’; y le dije, voy a hablar de sueños. Vinieron hasta campesinos a contar sus sueños y eran historias fantásticas que no tenían nada que ver con la vida de un agricultor. Así empecé con esta idea de que México era un lugar de sueños”.
 
Hasta ahí conocía poco de la cultura mexicana y latinoamericana, pero “tuve la buena suerte de que me pidieran arreglar la biblioteca del Instituto Francés de América Latina y, en lugar de componer los muebles y ordenar libros, me puse a leerlos; leí la colección de los cronistas españoles en México y Guatemala y encontré un mundo extraordinario”.
 
El continente –hasta entonces invisible– le mostró una nueva percepción del mundo y otra comprensión de la complejidad del ser humano.
“En cierto momento de mi vida estaba encerrado en mí mismo (porque los escritores a veces son sus propias arañas, tejen telas, se caen en su trampa y hay que saber escapar de esto).
 
Tuve la suerte de encontrar una población en la Selva del Darién, Panamá, que me enseñaron cómo ser un humano simple. Son pobres como muchos indígenas en América, pero tienen dos vidas, la cotidiana, que es bastante difícil, y la vida imaginativa, que es completa. Allí viví la capacidad extraordinaria de inventar, de comunicar con la naturaleza”.
 
El viaje ha sido desde entonces central en su escritura, viajar para escribir o escribir para viajar; apreciar la llegada al lugar donde no entiende el idioma pero poco a poco aprende a leer expresiones en las caras.
 
“Los viajes son una manera de percibir mejor a la totalidad de la humanidad, que es lo que interesa. No creo que existan razas ni diferencias: somos de una sola raza, la humana y todos somos hijos de mezclas, de encuentros”.
 
Con un discurso que pondera la interculturalidad y los sentimientos positivos entre las personas, hay pocas cosas que odia.
“Tengo la tentación de aniquilar las fronteras, quizá la cosa que más odio son esas líneas imaginarias que separan a los que tienen educación, dinero y agua potable, de los que no tienen nada”.
 
Pero es el mundo en que vive, y le preocupa. “Vivimos una época de gran confort mental. El mundo está dividido y sería una meta de los educadores enseñar a los niños que hay un solo mundo. Ahora existen estados intermedios entre paz y guerra: neocolonialismo, tribalismo, imperialismo económico y radicalismo religioso.
 
Esas ideas de que las culturas no son iguales, que uno debe encerrarse en la suya, defenderla con puños, son peligrosas porque la cultura es justamente lo contrario: abrirse al otro y tener de él ideas nuevas”.  
 
La literatura afirma el vínculo con el país y la lengua.
Para Le Clézio, la novela es un “arte maravillosamente híbrido, mezcla de poesía, de confesión y de cinismo”, la califica como matriz del mestizaje y considera a la literatura en general un acercamiento a la interculturalidad.
 
“La literatura es la mejor manera de afirmar el vínculo de un individuo con su país y su lengua; es una parte importante de la cultura pues está construida sobre el lenguaje y, gracias a ella, el lector puede tener acceso a la verdad de un país o una comunidad mejor que por cualquier otro medio”. 
 
Resaltó que la verdad de la literatura no tiene que ver con política, propaganda o interés comercial; la advierte como una verdad que puede ser áspera como el mundo que describe Rulfo; dolorosa y sensible como en la obra de la escritora francesa Colette; o apasionada como las obras de Dostoievski.
 
En su relación con lo que llama “la dimensión imaginaria de México”, Le Clézio escribe ahora un ensayo sobre Sor Juana Inés de la Cruz en los primeros momentos de la literatura nacional; otro en torno a Juan Rulfo, a quien considera “autor máximo de la novela mexicana”.
 
“Y como los historiadores son una parte crucial de la cultura del país, escogí a mi maestro Luis González y González, el inventor de la microhistoria; son ensayos en progreso y nunca acabaré mi interés sobre los temas mexicanos”.
 
Durante su estancia en Monterrey, el escritor visitó la Capilla Alfonsina; dijo que su ideología se identifica con el pensamiento del Regiomontano Universal, y citó su escrito en la revista Contemporáneos allá por los años 30: “¿Quién ha dicho que el espíritu de la gran poesía queda limitado a los contornos de una sola lengua?”
 

Ligas relacionadas