El escritor y la frontera

   

 
 
“Cuando te vas a esta esencia de las cosas, puede no importar la geografía”.
Guillermo Jaramillo
 
En Icamole no hay fronteras, por lo menos para el aire que corre entre las piedras. En los alrededores de la Hacienda del Muerto no hay limitaciones del lenguaje cuando lees un libro que atiende a la esencia de las cosas.
 
“Cuando te vas a esta esencia de las cosas, puede no importar la geografía. Hay gente que no conoce el desierto, otros no conocen un invierno de 30 bajo cero. Antes de que me fuera a Polonia, yo era muy afecto a la literatura rusa, inclusive a la polaca. 
 
“Allá el extremo te lo encuentras con el frío. A ellos les hace gracia que si la temperatura llega a cero grados aquí se suspendan las clases. A mí me hace gracia que si allá la temperatura llega a los 30 grados, se suspenden las clases.
Mundos distintos donde la característica es el extremo. En una literatura en la que tienes contacto con el medio lo que necesitas es el extremo”, comenta David Toscana, narrador regiomontano avecindado hoy en día en Polonia, quien ha situado sus novelas y cuentos en el desierto de Mina y García, o en las calles del centro de Monterrey.
 
Toscana siempre busca la oportunidad para que lo inviten a Monterrey, y al tener programadas actividades en el pasado Festival Cervantino, se puso de acuerdo con Santillana, editorial que distribuye su obra para apoyarlo con un viaje a la Sultana del Norte.
 
“Venir a Monterrey tiene para mí un significado más personal. Es ver a los amigos”.
El hecho de que haya sido invitado a la FIL Monterrey 2014 a hablar de su obra literaria, hace eco en la memoria de Toscana, quien en la juventud veía muy lejos el día en que se sentara a hablar de sus textos frente a un público. Esto sólo le dice dos cosas: ya está maduro y el gusto por las letras no lo abandona.
 
“Cuando uno comienza a escribir, por un lado, por supuesto que tienes sueños y ambiciones, pero con los pies en la tierra piensas que quizá las cosas no se puedan dar.
Cuando sesionaba junto a Eduardo Antonio Parra, Hugo Valdés, Rubén Soto y Ramón López en lo que ellos denominaron El Panteón Literario, llegaron a pensar que toda la vida se la pasarían inéditos. Sin embargo, con unas copas de por medio hablaban hasta de obtener el Premio Nobel”, indica.
 
Y la epifanía se dio con el paso del tiempo, ni siquiera en México, sino en París.
“El momento más simbólico para Parra y para mí fue un momento en que estábamos en una feria del libro en París. Nos había publicado la misma editorial y estábamos los dos firmando libros. Nos quedamos viendo y pensamos que nunca se nos hubiera ocurrido esto cuando nos reuníamos”.
 
Para Toscana, regresar a la ciudad de templado fuego tiene un significado más allá de los libros.
“Venir y hablar de tus libros con lectores y con amigos es una parte que me conmueve de venir a Monterrey, vienen amigos de la primaria, secundaria que tienes años de no ver pero que se enteran a través de los libros. Hay una parte muy libresca pero también muy emotiva para el escritor”.
 
Los grupos sociales y las relaciones
 
Durante los días de El Panteón, Toscana y compañía mantenían relación con los Papeles de la Mancuspia, grupo literario conformado por Paty Laurent, Dulce María González, Héctor Alvarado, entre otros. Si bien como grupo nunca tuvieron una reunión formal, sí compartían espacios y tragos de vez en cuando. 
 
“Eso para mí es básico, porque ahora que hablas de los grupos en redes sociales, ahí no compartes un trago ni los tacos ni el espacio físico, expresiones, tantas cosas que por supuesto son parte de un grupo literario. Nosotros nos reuníamos casi siempre en un departamento de Eduardo y la presencia física era importantísima”. 
 
David se mantiene alejado de las redes sociales, y por esta razón está exento de enterarse de las guerras literarias, a veces pequeñas y a veces grupales, que tanto se han dado en los últimos meses entre escritores o aspirantes, mediante las cuales se descalifica, muchas veces sin una crítica literaria como tal, el trabajo del otro o de algún grupo en específico.
“No conozco las redes sociales, nunca me han seducido.
 
No tengo Facebook ni Twitter; por ahí alguien dice que tengo un blog pero es porque publico en el suplemento de Milenio, y la misma gente coloca ahí los textos. Le ponen: ‘El blog de David Toscana’, y luego se enojan porque no les contesto, pero no es mío”.
 
Crear grupos en Face para atacar a tal o cual escritor, es para David algo conocido, siempre ha existido la figura del rebelde sin causa y sin talento.
 
“Puede ser bueno o malo, pero depende de los propios grupos porque ser así como rebelde sin causa y sin talento no sirve de nada. Pero que aparezca un joven inteligente, contestatario, con propuestas y demás está en todo su derecho. 
“La proliferación de estas cosas te indica que nueve son como rebeldes sin causa y uno sí tiene idea”.
 
Toscana tuvo sus padres literarios, pero también existieron en su juventud algunas vacas sagradas de la literatura que no lo motivaron. Dice que su generación fue poco conflictiva.
“No golpeamos a la generación que nos antecedía, y de alguna manera ellos no nos tomaron en cuenta.
 
Pusieron poca atención a los escritores de los sesenta.
“El que era más contestatario de esa generación era Gardea, un escritor maravilloso. Lo hicieron a un lado al que debiera ser después de Rulfo, nuestro gran cuentista, y nadie lee a Gardea. Deliberadamente lo dejaron en la oscuridad”.
 
Para Toscana, en un mundo ideal los libros serían los propios embajadores del escritor, pero en la realidad se necesita hacer mucha labor de relaciones públicas. 
“Esto comienza a convertirse en un asunto de relaciones públicas, y en la medida que las manejas bien de pronto vemos a escritores absolutamente mediocres que son exitosos.
 
“A mí la editorial me dice que me tengo que venir a vivir a México, y yo les digo que estuve 20 años acá como escritor y no hice mucho”.
 
David se manifiesta admirador de Daniel Sada, a quien se refirió como un hombre de letras que no participaba en los periódicos ni fomentaba mucho las relaciones públicas. Lo que a Sada realmente le interesaba era juntarse con sus amigos, echar unos tragos y mostrarles poemas.
 
En cuanto a su contemporáneo y compañero de batallas, Eduardo Antonio Parra, Toscana señala que el carisma del nacido en León, Guanajuato, es tal que sin ser un hombre que gusta de hacer relaciones públicas, siempre es asediado por la gente.
 
“Yo le digo, ‘Ya Parra, mándalos a volar a todos, no te van a dejar escribir, te piden que seas juez de un concurso, que escribas solapas para este libro’.
Todo se lo piden a Parra pero porque tiene esa simpatía natural, todo mundo lo quiere y lo respeta y está en una posición mucho mejor porque la montaña viene a él, y no él a la montaña”.
 
El boom de la literatura del norte
 
Lo que en alguna vez se llamó “nueva literatura del norte” y formó parte de un boom nacional literario encabezado por Cristina Rivera Garza, Luis Humberto Crosswhite, Élmer Mendoza, Sada, Parra y el propio Toscana, el propio David comenta que nadie sabía lo que era la literatura del norte. 
 
El primero en publicar del Panteón fue Hugo Valdés en Grijalvo. Posteriormente Mendoza publicó en Tusquets; Parra lo hizo en Era;
y David en Joaquín Mortiz. Es entonces que los críticos del centro del país nombraron a este fenómeno como literatura del norte.
 
“La pasamos muy bien con eso porque se hicieron congresos de literatura del norte, encuentros a donde nos invitaban.
Ahí fue donde nos hicimos amigos; nadie conocía a Élmer y gracias a estos congresos nos hicimos amigos.
 
Entra ahí Cristina Rivera Garza y Juan José Rodríguez, de Mazatlán, y empezamos a preguntarnos dónde comenzaba el norte. 
“La pasamos muy bien y algunos nos preguntábamos si en realidad existía eso de la literatura del norte.
Unos decían que sí, otros decíamos que compartíamos geografías aun y que las distancias son extremas, por ejemplo de Monterrey y Tijuana”.
 
Para Toscana, un sello característico en la literatura del norte es la austeridad en el uso del lenguaje y cierto primitivismo en el uso de los temas.
“Primitivismo en cuanto a que son esenciales. Difícil que te encuentres a un narrador del norte donde en una escena se esté bebiendo un vino château, sino que hay menos adjetivos”.
 

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