Desarrolla bioimplante de células cartilaginosas contra lesiones articulares

El Hospital Universitario ha logrado desarrollar a base de ingeniería tisular el cultivo de células condrales, capaces de formar un nuevo cartílago para el tratamiento de lesiones que, después de una operación ambulatoria, devuelven a los pacientes la posibilidad de tener una vida normal.

   

En diciembre de 2003, después de lesionarse el tobillo jugando futbol, la vida de Roberto Israel Martínez Hernández comenzó a ser distinta pues a sus 23 años de edad había de tolerar dolor y molestias incluso al realizar sus actividades habituales.

Había sufrido una lesión osteocondral en el tobillo izquierdo debido a lo cual fue desarrollando en una parte de esta superficie articular necrosis o muerte ósea. En placas radiográficas puede ser observada la diferencia entre ambos tobillos, uno con articulación sana y otra dañada.
 
Esta es una de las discapacidades músculo- esqueléticas considerada un problema de salud pública que se incrementa progresiva-mente y su repercusión social se manifiesta con un franco deterioro en la calidad de vida, desajustes psicosociales, problemas de desintegración familiar, desempleo y una pérdida económica considerable por su prevalencia en personas en edad productiva, las cuales muchas veces pueden prevenirse.
 
Con un fragmento de la articulación desprendida, este paciente fue captado por la consulta de Ortopedia y Traumatología del Hospital Universitario “Dr. José Eleuterio González” y, después de varios estudios, se concluyó que era un candidato ideal para la aplicación de una nueva tecnología en relación a trasplantes, bioimplante de células cartilaginosas para el tratamiento de lesiones articulares, ICA.
 
La implantación de condrocitos autólogos (ICA) es una realidad y una posibilidad de vida en nuestro estado gracias a convenios de cooperación con universidades de España y la República Checa, por lo que ahora el Banco de Hueso y Tejidos ha logrado desarrollar a base de ingeniería tisular el primero en su género para uso clínico, que al ser implantado en una lesión del cartílago articular produce un tejido de características histológicas y mecánicas idénticas al cartílago hialino.
 
Es utilizable entre una y otra superficie ósea en lesiones articulares causadas por accidentes en el área deportiva, donde el cartílago no puede regenerarse y el paciente termina utilizando una prótesis articular, la cual desencadena algunos problemas y contratiempos. Al cabo de algunos años debe retirarse la articulación completa al quedar fija e impedir los movimientos.
 
“Hemos logrado la posibilidad de cultivo de células condrales, las cuales son el conjunto de células que forman un nuevo cartílago y se ha desarrollado esta técnica en el Hospital Universitario”, explicó el Dr. Óscar Mendoza Lemus, jefe del Departamento de Ortopedia y Traumatología y del Banco de Huesos y Tejidos. Gracias al Departamento de Bioquímica, a cargo de la Dra. Herminia Martínez Rodríguez, se ha logrado contar con esta tecnología de punta que no existe en otro nosocomio del país.
 
“Para poder llevar a cabo esta operación”, explica el Dr. Eduardo Álvarez Lozano, del Servicio de Ortopedia y Traumatología y del Banco de Huesos, “primeramente se hizo la toma de células cartilaginosas, las cuales son extraídas de la rodilla del paciente a través de un procedimiento de cirugía artroscópica de aproximadamente cinco centímetros que consiste en introducir una cámara de fibra óptica y realizar la biopsia.”
 
Ésta se realiza en un área de una superficie muy rica en células cartilaginosas en donde no hay apoyo, por lo que no implica lesiones al paciente.
 
Se toman aproximadamente 10 miligramos de tejido osteocondral y éstos pasan al Laboratorio de Ingeniería Tisular del Banco de Huesos y Tejidos en donde son procesados.
 
Previa maceración se pasan a una digestión enzimática donde las células son desprendidas del cartílago, luego son procesadas en botellas especiales en completa esterilidad en el área de cultivo entre 14 y 21 días. En la incubadora celular se mantiene regulada las 24 horas la temperatura y el porcentaje de CO2 a los cuales son expuestas.
 
A través del microscopio es posible observar la manera como las pequeñas células disgregadas empiezan a reproducirse; de tal forma que de 40 a 50 mil células de cartílago de cada biopsia llegan a sumar entre 15 y 20 millones.
 
Una vez extraídas son colocadas en una matriz tridimensional a base de la proteína fibrina para que adquieran dentro del pequeño molde la forma del implante.
 
Después de cinco minutos se solidifica dando un implante de características muy similares a las del cartílago articular.
 
Ahora sí, ya se encuentra todo listo para el bioimplante de células cartilaginosas, primeramente se prepara al paciente para pasar a la realización de la incisión quirúrgica; se hace un estudio preambulatorio donde se planea lo que se va a utilizar, por dónde y cómo será el abordaje para ocasionar el menor daño tisular posible. Después de realizar la primera incisión en la articulación se realiza una disección por planos o áreas para evitar dañar las estructuras óseas vecinas; los ligamentos del tobillo son separados para identificarlos y no dañarlos.
 
Después se realiza una osteotomía, se abre el hueso para exponer la articulación dañada, donde incluso se puede observar cómo se empieza a degenerar toda la articulación hasta llegar a la lesión que se encuentra en un área articular de carga, la cual de no haberse detenido a tiempo puede progresar y llegar a provocar una destrucción total de la articulación.
 
El hueso muerto se retira, legrando todo el tejido peligroso que se presentaba por la lesión y preparando el nicho para que dicha área quede hábil haciendo unas pequeñas perforaciones para reavivar la circulación al hueso afectado.
 
Se procede a medir el tamaño de la lesión y cortar un molde adecuado al espacio; por último se procede a realizar la preparación y colocación del implante de una consistencia blanda, diseñado a la forma y tamaño requerido.
 
Se embona como aquella pieza de rompecabezas faltante, por último se coloca una capa de pegamento para sellar y después cerrar toda el área.
 
Al ser colocado el implante las células expuestas al ambiente articular empiezan a activarse y a producir fibrina por el propio paciente en un término aproximado de tres meses. Antes de someter a la operación a Martínez Hernández se le comentó todo el procedimiento, el paciente en ningún momento dudó en darse la oportunidad de volver a tener una vida normal.
 
Este tratamiento resulta bastante benéfico en lesiones deportivas, en lesiones articulares, cuando el cartílago descubre la superficie ósea y produce el dolor que evita la regular movilidad de una articulación.
 
Anteriormente sólo los laboratorios internacionales eran los encargados de realizar este tipo de implantes con costos exorbitantes, entre 10 a 18 mil dólares, que generalmente no están al alcance de cualquier paciente.
 
Ahora, gracias al trabajo del personal del Hospital Universitario y al apoyo de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Nuevo León, los costos son bastante inferiores en cuanto a producción, entre 30 a 40 mil pesos, pues la idea es ofrecerlo como un servicio a los pacientes, explicó el Dr. Donato Saldívar Rodríguez, director de la Institución.
 
Martínez Hernández, operado en el nosocomio universitario, espera poder volver a jugar futbol pues ya no siente molestia alguna, ni en la rodilla ni en el tobillo.
 
Incluso ya se operó a un segundo paciente, quien buscó a los médicos del Banco de Huesos y Tejidos gracias a que encontró información sobre el procedimiento en la página de Internet.
Aunque aún no se cuenta con estadísticas exactas de la cantidad de personas en espera de este tipo de trasplante, el Hospital Universitario se reporta listo para atender a todo paciente que lo requiera.
Fecha
Julio 1 de 2005
Fotografía