Diego Enrique Osorno, un lobo solitario del periodismo

Cronista de los principales conflictos sociales de México durante el siglo XXI, el ganador del Premio Nacional de Periodismo 2013 comparte diversas reflexiones sobre el ejercicio de la labor informativa en el país, los retos que impone la tecnología y las relaciones del poder.

   

 Con casi dos décadas de labor informativa, Diego Enrique Osorno es un reportero regiomontano que, a sus 36 años de edad, es autor de 10 libros, siete documentales para cine y televisión, ha colaborado en una treintena de medios nacionales y extranjeros, y reconocido con diversos galardones, entre ellos, el Premio Nacional de Periodismo 2013.

La curiosidad es el motor que a diario lo impulsa al ejercicio de esta profesión, pese a las adversidades. Su misión es contar la realidad y aportar reflexiones a la sociedad.

En víspera de conmemorarse el Día del Periodista -que se celebra este 4 de enero-, Diego Enrique Osorno comparte sus inicios como reportero, sus motivaciones personales, y los retos de esta actividad que enfrenta los desafíos de la tecnología, economía e intereses del poder.

-El oficio del periodista es un oficio del día a día, de la instantaneidad y pocas veces miras la profundidad del pasado, de la historia, de lo que vas dejando. Me considero un reportero esencialmente que, en su búsqueda de información, de aportar también reflexiones a la sociedad, he incursionado en diversos géneros periodísticos, primero haciendo mayor énfasis en la crónica -que es el género preferido-, y por otro lado, también, buscando a través del cine documental, seguir contando historias.

¿Cuándo y cómo surge tu vocación por el periodismo?

Yo soy lector desde la adolescencia, lector muy voraz -no un lector de obras necesariamente clásicas-, un lector más bien omnívoro que leía lo mismo El libro vaquero hasta alguna novela de Mark Twain.

Leía de todo, leía enciclopedias, revistas de mecánica, leía periódicos por supuesto. El periodismo lo tengo muy presente desde niño, yo creo desde los 10 años leía periódicos y tenía esa hambre de no sólo conocer las noticias a través de los periódicos, sino de manera directa.

Se me generó esa curiosidad que es imprescindible para cualquiera que quiera ser periodista. Es en ese momento en que el periodismo me marca; la curiosidad por la realidad, la preocupación por mi entorno ha hecho que me enfoque en el periodismo.

¿Qué es para ti el periodismo?

Es el acto de contar cuentos de la realidad, contar las historias que alguien con poder o algunos con poder no quieren que se sepa.

Es la literatura bajo opresión, es la historia con minúsculas, es una amplia gama de definiciones las que permite el periodismo y me gusta jugar con todas ellas en diversas etapas de mi vida.

A veces me enfoco más en pensar en cómo una historia puede impactar y puede incidir de manera directa y contra algún grupo fáctico, algún poder; a veces pienso más en la trascendencia de la historia, a veces pienso más en el cuidado literario, y en buscar esa conexión con la sociedad.

El periodismo realmente es un oficio donde la palabra tiene una responsabilidad mayor que en la literatura y, eventualmente, si uno lo hace con una visión creativa en que se hace la literatura también más posibilidades de despliegue que cualquier otra en el arte, o igual que el arte por lo menos.

Egresado de la generación 1997-2002 de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Nuevo León, Diego Enrique Osorno incursionó en el periodismo a los 16 años al crear la publicación Taurus en la Preparatoria 16. Ya como estudiante de periodismo se abre camino en medios impresos y radiofónicos de Monterrey, paso ascendente que le ha permitido transitar por las redacciones de una treintena de medios nacionales y extranjeros.

- Hoy, en día, soy un periodista independiente; cuando uno logra tomar esa decisión de salirse de un medio y estar encarando el reto del periodismo de manera autónoma, por un lado puede ser complicado por la estabilidad económica, la estabilidad corporativa que te da trabajar en un periódico; pero en realidad se abre toda una ventana de posibilidades creativas para abordar las mismas historias con mayor libertad creativa y mayor libertad periodística.

Si bien es cierto que hoy en México hay más libertad de expresión que en el siglo pasado, aún sigue existiendo la censura, las amenazas, la coacción y muchos otros lastres en contra del periodismo.

El periodista independiente se puede librar de todos estos lastres que se generan en medios que terminan siendo grupos de poder más que medios de comunicación que busquen ejercer la libertad de expresión plena.

Esta experiencia de ser periodista independiente me ha permitido evitar censuras. Nunca me he censurado como periodista independiente, hay historias que empiezo a trabajar con un medio, finalmente no tenemos un acuerdo, pero se abre otra posibilidad.

Esa es mi experiencia, claro que extraño las redacciones bulliciosas donde yo trabajé, donde hay fraternidad, donde hay muchos maestros […] eso también se extraña cuando uno anda de lobo solitario encarando sus propias historias.

Para el autor de Oaxaca sitiada y Nosotros somos los culpables, cree en el periodismo que se basa esencialmente en el ser humano.

-Es muy interesante como periodista no sólo poder informar estos eventos que se quedan para la historia muchas veces, sino poder ver la condición humana expresada en estas coyunturas críticas, en donde encuentra uno lo mejor y lo peor de la humanidad, eso siempre me ha atraído, me parece muy estimulante.

Para mí el periodismo tiene que ir más allá de la política, tiene que buscar esa conexión con la sociedad y la manera de conseguirlo es hablando en el lenguaje que le interesa a la gente, escribiendo historias que le puedan parecer atractivas, no esto que vemos a veces en muchos periódicos es un lenguaje político, burocrático, formalista, que la gente común no entiende, que sólo entienden aquellos que se meten a la grilla.

Osorno González reconoce que la actividad del periodista -y cualquier persona que busca la verdad está en un riesgo-, sin embargo, ha actuado en congruencia y convicción para documentar conflictos sindicales, problemas del crimen organizado, movimientos latinoamericanos y guerras en Haití, o la frontera de Siria e Iraq

-No es sorpresa decir que un periodista en México está amenazado o hace su trabajo bajo riesgo. Entonces yo me cuido, tengo mis protocolos y en ciertos lugares los extremos protocolos.

¿Has sentido miedo?
Sí, muy seguido, pero he aprendido a controlar el miedo.

¿Qué es lo que mantiene a Diego en el ejercicio periodístico?

La curiosidad. Yo soy una persona muy curiosa que está tratando de entender, lo mismo de una persona que conozco en la calle, que a una ciudad o a un evento que ocurre o algún gran personaje como a Carlos Slim. Despierto todos los días con mucha curiosidad y eso creo que es lo que me mantiene trabajando a veces en condiciones adversas, en momentos de mucha tensión.

Has estado muy próximo al poder, ¿cómo lo conceptualizas?

México es un país muy jerárquico, muy piramidal, un país lleno de caciques en donde nuestra democracia no funciona como debería funcionar. Si alguien quiere entender México, tiene que entender este sistema de caciques y a mí me ha llamado la atención la manera en la que se conforma.

Hubo un momento en que me di cuenta que me faltaban para armar mi rompecabezas, las piezas del poder, o sea de encontrar estos personajes de la pirámide que están en la parte más alta y retratarlos para armar mi pieza, mi historia.

Para mí el poder en México se maneja de una forma totalmente antidemocrática, no tiene esa voluntad de rendición de cuentas, es un poder omnímodo que no le interesa el juego sucesor democrático. Es interesante poder ver al país así, porque uno puede decir que quienes dicen que el problema de México es la pobreza extrema, quizá no se dan cuenta que el problema en México es la riqueza extrema, que hay en México gente con tanto dinero, con tanto poder que no permiten que el resto de la sociedad tengan acceso a las mismas oportunidades de desarrollo.

¿Alguna vez te ha tentado el poder?

No, nunca me ha tentado el poder. Sí he tenido ,desde que empecé a los 19 años, muchas ofertas de todo tipo, de darme posiciones de poder, de darme dinero, darme privilegios y nunca, ni siquiera lo he dejado permear.

A mí me interesa hacer periodismo para lograr establecer un diálogo con la sociedad, tener una conversación con la gente común. Por eso pasa que a veces es necesario tener que hablar con la gente más poderosa, pero siempre en mi papel de periodista, siempre queriendo entender la psicología que tiene cada uno de estos portadores del poder y la manera en que yo puedo explicarle a un grupo de gente.

Para eso tienes que estar cerca del poder, para verlo y entenderlo, pero tienes que evitar que el poder te coma y tú termines como un vocero del poder.

Y en los últimos años, Diego Enrique Osorno ha entrevistado a líderes políticos latinoamericanos, empresarios como Carlos Slim, e intelectuales de la talla de Juan Villoro, trabajo reconocido con el Premio Nacional de periodismo en México 2013.

Para el realizador del documental el Alcalde, el cambio más importante en el periodismo es la velocidad de la información y su divulgación por diversas plataformas tecnológicas, particularmente, las redes sociales. Sin embargo, es enfático, mantiene su esencia.

-A mí me parece que lo que está cambiando es el modelo de trabajo de los periódicos, es lo que está en crisis, pero el periodismo no lo veo en crisis.

Cuando yo empecé a enamorarme del periodismo, lo primero que yo veía de un director o dueño en medio era un apasionamiento por contar la verdad, por incidir en la sociedad, no una herramienta para volverse multimillonario. Yo no veo absolutamente en crisis en periodismo, yo lo veo vigoroso, con más fuerza que cuando yo empecé.

¿Qué le dirías a las nuevas generaciones de periodistas en formación?

Que se pregunten con mucha honestidad si tienen la suficiente curiosidad para hacer periodismo en un país donde la curiosidad puede terminar por arruinarte la vida. Digamos que la única forma de afrontar ese riesgo es teniendo una curiosidad indomable, incontrolable.

Que sean humildes porque el oficio del periodista es un oficio donde se tiene que reconocer que somos ignorantes y por eso preguntamos a los demás.

Que sean escépticos, que no crean todo lo que ven a su alrededor, que no se casen con una sola idea, con una sola verdad.

Por
Eduardo Loredo Rivera
Fecha
Enero 4 de 2017
Fotografía
Efraín Aldama Villa