La CIC no debe provilegiar sólo a los genios

Durante el segundo día de actividades del Coloquio Ética, Ciudadanía y Educación frente a la Sociedad del Conocimiento convocado por la UANL, el director del Instituto de Estudios Sociales y Culturales de la Pontificia Universidad Javeriana (PUJ), dejó claro que la justicia social no puede esperar.

   

Advirtió el doctor Guillermo Hoyos, catedrático de la Pontificia Universidad Javeriana de Colombia que “una sociedad del conocimiento que descuida la formación ciudadana y la justicia como equidad, puede terminar en un frankestein del siglo 21 y creo que eso no basta; las consecuencias de que se descuide la sociedad por sociedad del conocimiento, será simplemente una americanización”.

Durante el segundo día de actividades del Coloquio Ética, Ciudadanía y Educación frente a la Sociedad del Conocimiento convocado por la UANL, el director del Instituto de Estudios Sociales y Culturales de la Pontificia Universidad Javeriana (PUJ), dejó claro que la justicia social no puede esperar.
 
“Hay que ver a qué le apuesto: a la altura de la pirámide (ciudad del conocimiento) o a la base de la pirámide; soy muy partidario de apostarle a lo segundo, que de todas maneras tiene altura y que está sustentada por unas bases de ciudadanos que conocen bastante, así no sean genios”, argumentó.
 
SE DEBE EVITAR FORMAR “TIRANOS DEL CONOCIMIENTO”
 
Guillermo Hoyos Vásquez, quien dictó la conferencia “La comunicación: la competencia ciudadana”, reconoció que Ciudad del Conocimiento es un término internacionalmente vigente donde se trata de fortalecer la sociedad con el aporte de la ciencia, la técnica y tecnología indiscriminadamente, lo que le considere importante.
 
Sin embargo, advirtió que no se puede hablar de sociedad del conocimiento sin descuidar que hay unas condiciones mínimas que constituyen sociedad de ciudadanos libres e iguales.
 
“La sociedad del conocimiento no sería únicamente una moda de hacer harto conocimiento, que eso automáticamente reforma la sociedad; no se pueden descuidar políticas públicas básicas y mínimas de crear empleo –claro que el conocimiento crea aplicaciones para ello-, pero no sólo el conocimiento nos garantiza una sociedad bien ordenada, sino que también tienen que darse principios de equidad, justicia, participación, tiene que haber una inversión social muy fuerte”, dijo al término de su ponencia.
 
Insistió el filósofo que no se puede invertir en tecnología e investigación de punta tanto dinero que no queden recursos para garantizar escuelas, servicios y salud públicos.
 
“Muy bien sociedad del conocimiento, tanto más refinada tanto mejor, pero que por favor no se nos olvide que antes de la sociedad del conocimiento, está la sociedad que pasa por empleo, redistribución equitativa, inversión en servicios públicos, integración de los excluidos a la sociedad, garantías de participación democrática; a esto ayuda el conocimiento, pero el conocimiento solo no hace a la sociedad”, expresó el académico colombiano.
 
En cuanto al papel que juegan las universidades en la construcción de una Ciudad del Conocimiento, el catedrático sudamericano consideró que hay muchos modelos educativos muy intolerantes, que forman para la perfección y el dominio completo, cuando la educación debe formar co-equiperos, gente que reconozca sus límites.
 
“Creo que es la única manera de aprender, pero hay personas que salen de la universidad y están convencidos que lo saben todo y son unos déspotas y tiranos del conocimiento, en ese error se puede caer en este proyecto, que se llegue a privilegiar a los genios, a los elegidos o grupos de intelectuales, se debe revitalizar la sociedad desde abajo”, llamó Hoyos Vásquez.
 
Y sobre ese concepto que tienen las instituciones de educación de formar líderes, contrapuntó al advertir que lo mejor es cuidar que el concepto Ciudad del Conocimiento no sea muy unilateral, reduccionista o que se convierta sólo en un slogan o moda.
 
Para evitar lo anterior es urgente la participación social dentro de la construcción de la ciudadanía para hacer suyo el proyecto común.
 
“La sociedad tiene que apreciar como un valor fundamental la educación y tendría que exigirle al estado que garantice lo más posible educación pública y que donde haya educación privada sea subsidiaria de la educación porque la educación pública se ofrece para todos”, argumentó.
 
Su tesis es que la educación privada va discriminando según el costo de la matrícula y se entiende pues que la educación pública es sólo para los pobres, lo que resulta muy delicado porque va consolidando las diferencias sociales en base al poder adquisitivo del dinero y eso desbarata la sociedad civil como un todo.
 
“Sin una educación de calidad pública, ofrecida por el estado para todos, no podemos garantizar que haya una sociedad –no igualitaria ciento por ciento, porque eso no existe-, pero sí una sociedad coherente, ya que hay una relación absolutamente directa entre educación pública de calidad y con cobertura y sociedad bien ordenada, sustentada en justicia como equidad”, concluyó.
Fecha
Junio 29 de 2005
Fotografía